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Los escritores escribieron y cuando el punto final fue estampado, los ilustradores añadieron la imagen.

Dos ciudades

El DF no es una ciudad hoguera, aunque por las noches se alumbre a sí misma con la refulgente cualidad del fuego. Es más bien un parche de concreto que lo mismo un día crece invadiendo la sinuosidad de un cerro, al otro desaparece dejando atrás el rastro de sus hombres. Es, digamos, el lugar de un pueblo hecho de plumas y de piedras; una cicatriz, una marca, un graffiti en el ombligo de la…

Pa’ que te cuidara

Es una perra, pero cuando estoy puesto, la pinche perra se echa junto a mí a lamerme las patas. No es que yo quiera, es esta ciudad la que me lleva. Yo era bien derecho, me cae. La primera vez no puede, sentí gacho y hasta dejé ir a la chavita que se puso a llorar. Pero luego ya no y es que la gente no entiende que es mejor no hacerla de pedo porque…

Apología de la confusión

I. Últimamente discutíamos por todo. Hablábamos de nada. Nos contábamos una y otra vez aquellos pasos mal dados, las vueltas a una cuadra por la que ya habíamos pasado, como si los errores nos confirmaran que a pesar de llegar al destino deseado éramos un caso perdido, un par de sujetos sin tiempo conjugado. II. Howard Gardner clasificó la inteligencia en 8 grandes rubros. Yo, por ejemplo, no tengo nada de espacial. III. A lo…

La rana

Se detuvo junto a la ventana de mi carro sólo para recitarme un poema. Así, sin conocerme siquiera, empezó a hablar sobre una rana que abría las piernas y daba un salto para salir del universo. Esas palabras que no las hizo para mí, durante todos los segundos que estuvo hablando, fueron mías. Un gesto de dulzura que pasa a veces en la ciudad y él sin saber la falta que me hacía. Quise ser…

Devorador

El monstruo devorador de ciudades despertaba cada mil años y se tardaba otros mil en devorarlas por completo. No era grande, era del tamaño de una partícula, con flagelos largos como hilos de pensamiento borrosos que abarcaban las fronteras. Estaba más hecho de desidia que de costumbre y no le gustaban los días fríos o lluviosos, ni las despedidas.

Recorrido nocturno

Todas las noches salgo a caminar desnudo, con los pies helados que van dejando huellas de sangre sobre el asfalto de lija. En alguno de mis recorridos me he encontrado con ella, también desnuda, rezándole a la luna con un fervor de antena parabólica. Sus modales ni los conozco porque nunca me saluda, pero siempre va con una sonrisa que disimula la tristeza de la obscuridad. A pesar de coincidir de vez en cuando no…

La hormiga desterrada

Lissette no tenía cabida en aquél grupo. Siempre fue considerada una hormiga rara entre todas las hormigas. Salía temprano como todas las demás, trabajaba al unísono del grupo, pero se reusaba a acarrear cualquier cosa. Apenas se descuidaban, se encaminaba hacia las flores, trepaba una, diez, cien y más veces por los tallos hasta los pétalos y escogía los granos de polen más gordos. Nada de pajitas ni desperdicios. A veces se detenía en las…

Aquella población

En los pliegues de la montaña se extiende un conjunto de construcciones, ladrillos y baldosas color carbón. Si se recorren sus caminos, sus subidas y bajadas, sus desniveles y sus curvas abruptas, se siente el viento doblar en las esquinas y su lampo invisible —es decir, el chiflido que a su paso deja— es abrasador. Casi al centro de aquél lugar se encuentra un rectángulo delineado y contenido únicamente por los restos de los coches…

Viscoso subterráneo

Son las siete de la noche y una mano sujeta con fuerza el muslo de María. Ella mira de reojo y lejos de causarle molestia desea que la mano la posea y se vuelque vertiginosa en su entrepierna. Una minifalda y unas medias grises que llegan arriba de la rodilla dejan espacio suficiente para poder ver su blanca y delicada piel. En alguna parte del trayecto el metro se detiene y las respiraciones agitadas se…

La tragedia del perro Lúnico

Nadie se preocupó, lúnico que necesitaba era que lo cuidaran; nadie lo cuidó, lúnico que necesitaba era que lo amaran. Cuando nació, su madre ladró y, Lúnico, sangre de perra lamió. Pobre. Lúnico sacaba la lengua cada mañana y algún godínez, cafeína derramaba; era lúnico que lo mantenía. Se negaba a dormir, le gustaba su insomnio, lúnico compañero. Por las noches, lúnico que hacía era ladrar imitando el primer lúltimo ladrido de su madre. ¡Callen…

Del yo y los otros

Me miraban, yo sé que lo hacían, y mientras todos se llenaban de odio y envidia yo, el único, el ser inmortal entre los mortales, sólo me reía. La historia iba a repetirse una y otra vez. Nadie podría evitarlo, así era como se escribía cada siglo, cada milenio, el cuento de los hombres. No podía ocultar el haber sido diferente. Ni aún queriendo ser un simple hombre, no lo era, no era posible que…

Cordal

Uno por uno íbamos caminando. Sin querer hacíamos una fila, no muy derechita, pero una fila. Recuerdo los hombros del de enfrente y el de atrás recuerda los míos —me lo dijo unos días más tarde—. No sé si hacía frío, pero el cielo era gris. Creo que era de madrugada. Cuando respiro profundo todavía siento la humedad en el pecho. Cuando es de madrugada, ¿es de día o es de noche? Sigo pensando en…

Nothing but mammals

El instinto gregario, el afán por estar juntos. Coordenadas paralelas, eso que llaman «la época». Hacer historia, pasar desapercibido. Ignorar al pasado, hacer como que construyes un futuro sin estar viviendo el presente. Descartar lo inmediato, sobrevivir entre fiestas, gritos, excesos… Soportar el bullicio. Comer... Masticar con ansias aquello que cruje, llenarlo de miles de salsas, atiborrarse la boca, sentir una bola de comida pasando por tu garganta mientras piensas que, de no ser por estos…

La dejada

Ahí la llevamos, joven, ¿qué más? Empiezo a las 5 de la mañana y a veces regreso a las 10 a la casa a echar unos huevos y café; pero si ando lejos, pues ya me chingo una torta o lo que sea. Los martes y jueves, por ejemplo, dejo a cuatro personas en la Central de abastos y ya me quedo en esa zona, para ir al cantón. Yo vivo sobre Zaragoza, cerca de…

Plegaria de tierra herida

Señor de esta tierra herida/ llegamos hasta ti con la mirada sucia de cenizas/ y nublada de tanto desconsuelo/ de no encontrar sino el espíritu herido de tanto golpe/ de tanta infamia Haz que la justicia/ tenga la misma estatura que nuestra rabia/ que este dolor indecible/ porque no puede seguir este desahucio/ ni esta drástica ausencia de sueños/ sepultados con la indiferencia/ de manos blanqueadas y vista gorda Son varios/ pero siempre son más…

Te demoro

Te sigo escribiendo una carta. La guardo cuando me sale un te quiero. La rompo cuando pienso en irme.

Amor insecticida

Siempre he encontrado un especial encanto por los amores imposibles; esa atracción suicida al intentar cruzar la línea de la amistad, esa que me hace ir valiente como todo un guerrero que no sabe usar ni un arma, como un soldado que sospecha que la batalla está perdida. Aún así voy y me lanzo contra la muralla que impone el ser amigos, que no permite el reconocimiento de humedades, ni los acercamientos de bocas, ni…

Pocas semanas después

Éramos amigos, la complicidad nos fue acercando cada vez más hasta que ya no hubo retorno. Valeria llegó a mi casa pocas semanas después de que Cecilia murió, la soledad de la casa me parecía insoportable, los pasillos siempre se me hicieron lugares tétricos y el desconsuelo me hizo invitarla a pasar. Aunque estaban las habitaciones y los otros espacios, primero se quiso quedar en el sillón, serían pocos días. Empezamos a adquirir el hábito…

Entonces lo sabrás…

Julia empezaba a pensar en el amor y preocupada le preguntó a su madre cómo podría darse cuenta de si estaba enamoraba. «Muy fácil», le contestó, «cuando conozcas a esa persona especial y sientas que no puedes respirar si no está cerca, lo sabrás». Julia comenzó a tener novios y a deshacerse de ellos para comprobar la teoría de su madre, pero no pasaba de extrañarlos unos días. Al llegar a quinto de prepa conoció…

Amar por amar

El metro estaba atiborrado. Tuve suerte de que se desocupara un lugar y pude sentarme, me hacía falta porque llevaba mi bolsa, un alterón de folders con trabajos de mis alumnos para calificar y la flor que Rubencito me había regalado. Me acomodé lo mejor que pude. Alcé la vista y vi una señora de aspecto humilde con sus blancos cabellos peinados en una trenza y con un gran bulto atado con su rebozo a…

El inicio de la playa

Se miran. Se vuelven de pronto dos destellos e iluminan las corrientes. Destierran la solemnidad, soplan con la boca expansiva que alza las olas y se desploman con azotes de sal, pulen peñascos con paciencia rabiosa hasta reducirlos a arena. Son el embate y la calma que sigue al arrobo de la tormenta. Son la piel tensa de la vela hinchada. Son el grito en popa cada noche y por la mañana. Son la cresta…

Flotando

Casi siempre, de un tiempo para acá, viste de negro o de gris. Va con los labios rojos encendidos. Su cabello lacio y los ojos levemente rasgados detrás de sus lentes cuadrados brillan entre la sorpresa y el tedio que le causa a veces el mundo. «Me da hueva», dice con frecuencia. Sólo necesita una ocurrencia mía, alguna pendejada de esas que digo a veces, para soltar la carcajada. Reímos hasta que nos duele la…

Amor verdadero

Luis quería mucho a su hermana. Llevaba meses sin verla hasta que por fin recibió una llamada. Luis llegó puntual al café, eran las diez y Marina hizo su aparición cerca de las once. Estaba pálida, unas ojeras inmensas hacían sombra a unos ojos ya siempre enrojecidos, vidriados, rotos. Tomó asiento. Estaba ansiosa y, como si no lo hubiera visto, llamó al mesero y pidió una cerveza. Triste, Luis la observaba. Marina dio un trago…

A mis poemas

para Jéssica ¿Por qué no he escrito el poema que haga que las personas al leerlo se quiten la ropa? Todos los campos se tornen azules y el amor vuele como cocuyos por el aire. Los carros se paren a ver el amor como se paran frente a un accidente. De una sílaba se borren todas las tristezas y el amor sacie el hambre de todos los edificios y los animales más pequeños. ¿Por qué…

El polvo de las estrellas

Dos estrellas cayeron del cielo un día. Estaban en lo más alto y sus descensos fueron vertiginosos. Eran de mundos diferentes y opuestos, por lo que no se conocían entre sí. Sus ojos echaron chispas cuando finalmente se encontraron, admiraron sus pieles blancas y sus cuerpos perfectos. Él solía cantar sobre el amor y su proceder era muy recto, ella actuaba de manera muy correcta, era hermosa y solía llorar con facilidad, por lo que…

Personas que quizá conozcas

Desde aquella última vez que me dejó con los labios estirados, como quien estira la mano esperando un saludo, no nos habíamos visto. Yo a veces me la imaginaba, o sea, a veces siempre, porque al primer amor no se le olvida. Fuimos novios a los quince años. A los quince, ella sabia, sabía besar; a los quince, ella sabia, sabía soñar; a los quince, ella sabia, sabía abrazar; a los quince, sabía sabia su…

Los amores de María

De la estación al aeropuerto había que recorrer 3.5 kilómetros, mismos que existen, si se pudieran medir los sentimientos en una cinta graduada con las divisiones métricas, para llegar al corazón de María. Para ella, atravesar junto a un hombre esos tres punto cinco kilómetros eran la máxima prueba de amor. Al amor, dice, se le entra por un costado. Luego hay que recorrer un pasillo largo para llegar a las gradas. Allí uno se…

Norberto

Norberto fue un chico muy tímido hasta que, hacía unos meses, tuvo que dar un discurso de graduación frente a todos en la secundaria. Después hasta consiguió novia. Ella entró a su habitación tan sólo con ropa interior roja. Ella siempre se las daba de muy santa sin dejarle meter mano siquiera por arriba de la cintura, pero ahora estaba ahí, «frágil». —¿Qué opinas? Norberto dejó el control de su consola de videojuegos a un…

Retroceder

«Se renta». Detuve mis pasos frente aquel edificio sobre Reforma. Ventanas amplias y, sobre todo, elevador. Luego de saber el bajo costo de la mensualidad, no podía creer que estuviera disponible. Cubrí los requisitos según la casera. Más que acerca del presupuesto, ella me cuestionó sobre mi edad y mi estado civil. Nueva en el edificio y ¡por fin! independiente, decidí conocer a mi vecino contiguo. Toqué su puerta un, dos, tres veces hasta que…

Ostentando

Qué rico te suenan las caderas, qué bueno es sentir el gong de tus tetas en mi pecho. Ese aliento a alcohol tan impertinente me encanta, encaja perfecto con el sudor y con la densidad asmática del salón y te volteás y me apretás el frente con tus nalgotas de escasa pretensión pero tensión suficiente como para borrar del todo el barniz de la gente y anular sin misericordia cualquier otro elemento sobre la tierra…

So pena de…

Una vez me contaron esta historia: una mujer joven y bien vestida, guapa y con dinero —o eso pensaba quien me lo dijo—, recargaba su vientre contra el barandal en un centro comercial. Tenía el torso echado hacia adelante, de manera que la melena larga y lacia, ocultaba su rostro. Su cuello daba la sensación de brillar debido a los cabellos rubios que, como gotas de rocío al amanecer, nacían de su base. Su espalda…

En lo hondo

Ahí los veía venir, ahí venían todos, todos esos recuerdos que se encontraban su escondrijo entre las manadas de tonterías del diario. Y ahí venían y los veía venir, apuntando justo a la frente, porque sabían que por ahí entraban y podían merodear hasta bajarle a los hombros y escurrírsele a la espalda y el pecho. Y ahí se quedaban hasta que le empañaban los pulmones. Ahí los guarda ahora Magdalenita, ahí los guarda, y…

Flora

Crecían las flores en sus axilas y se paseaba morena en la plaza de enero. Ya no creía en los hombres pero siempre les regalaba una sonrisa cuando la miraban caminar por las aceras del pueblo. Un día decidió salir desnuda a la calle, sin dudas, sin pena, sin miedos; entonces empezaron a brotarle girasoles en los senos, nardos en los ojos, bugambilias por todo el pelo y con tanta flor apenas si alcanzaba a…

Rueda de la fortuna

Mi pensamiento tiene cola. No es tan larga como para que otros la pisen, es del tamaño proporcional a su delirio de persecución. Por decirlo así, se ha retorcido del dolor al llegar de nuevo a esa noche en que creyó haber tenido la peor experiencia de su vida. No es la primera vez que le sucede, algunas veces utiliza ese método para que el mareo lo regrese de inmediato al instante presente. Mi pensamiento…

El achicopalado

Hoy fui al centro comercial y la chica de las voces dijo por el parlante: «Al amor de mi vida: se solicita su presencia en este mundo». Lo sentí como un mensaje de ultratumba. Uno no se enamora por la valentía que tiene, sino por la poca vergüenza que le queda. A mí lo que me sobra es eso, vergüenza. Por eso me cuesta tanto trabajo acercármeles y decirles buenas tardes, buenos días, cómo te…

El poema del amor

Lee como si me aullaras como si en tu boca se fueran a gastar todas mis letras esa boca que es boca mía repite en tu silencio mis otras bocas léeme desde el estómago hasta los dientes más blanquísimos de tu inocencia léeme con tu sexo de leopardos en el alma de tu sexo satisfecha lee con las manos en tu sexo en tu boca con mi sexo hecho de letras léeme como a la…

Carta hallada en el domicilio Real Jardín, número 14, Puebla de los Ángeles

Me apena mucho dirigirme a usted por medio de esta carta, esta declaración que nace de la necesidad de contarle lo que siento. Yo, que poco sé de cómo hablarle a una mujer de su condición, tan elegante y fina pero principalmente tan hermosa. Sé que en el momento en que reciba estas palabras, sentirá que de nada valen los intentos que desde el mes de mayo he realizado para poder platicar con usted. Pensará también que aquella tarde junto al portón de Morelos nada representó para mí y que mi vida ha sido la misma. Y no la culpo, pues mi cobardía de buscar los medios para acercarme a usted muestran indiferencia y no son dignos de un hombre.

Acuario

La persecución comenzó en las primeras horas de la mañana. Los hombres ya tenían ubicada a una manada que persiguieron, kilómetros mar abierto, con barcos y helicópteros y arpones. Lograron acorralar al grupo en una bahía. En el proceso de la captura, algunos integrantes fueron heridos y el resto rodeó al barco más grande en el que las crías levantadas emitían gritos mientras las encamillaban. Los helicópteros las trasladarían a unos tanques de 61 metros…

Nada que entregar

Ahora que mi madre ha muerto recuerdo sus ojos, su mirada triste cuando me veía arreglarme para salir. Sin poder hacer nada me decía: ― Cuídate. — Sí mamá, me cuido. — El corazón, cuídate el corazón. Siempre lo llevas en la mano para entregarlo a ciegas. —Sí mamá. Tú siempre tan dramática. En su tumba ahora crecen los cardos y la hierbabuena. En las tardes le ha dado a un cardenal por irse a…

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