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Los escritores escribieron y cuando el punto final fue estampado, los ilustradores añadieron la imagen.

Los matices de la pena

Amanece en color sentencia de muerte: oliendo a madre agonizante de aflicción y familia y amigos avergonzados. Quedó por ahí, una noche rancia que enrojeció en tono de niña violada hasta morir, arrebatada de su pudor. Para el sentenciado fue castigo, tormento en la madre y, en otros, deshonra. Pero para la niña fue todo, porque muerta ni pena puede ya sentir. Así fue la historia de alguien que trabajosamente se esforzó por amar.

Los matices de la pena

Amanece en color sentencia de muerte: oliendo a madre agonizante de aflicción y familia y amigos avergonzados. Quedó por ahí, una noche rancia que enrojeció en tono de niña violada hasta morir, arrebatada de su pudor. Para el sentenciado fue castigo, tormento en la madre y, en otros, deshonra. Pero para la niña fue todo, porque muerta ni pena puede ya sentir. Así fue la historia de alguien que trabajosamente se esforzó por amar.

Sueño lúcido en el bungee

Fueron mi fijación por Vanilla Sky y las ganas de dejarte atrás lo que me inspiró. Era julio, hace unos años, cuando la edad aún no pintaba de canas mi cabello. Miré fijamente a través de la ventana del hotel donde se celebraba mi viaje de graduación y a lo lejos vi aquel imponente aparato, quieto en la oscuridad, rodeado de mar y al que horas más tarde escalaría. Dejé que me amaneciera y, apenas…

Mi cajita de cenizas

Aún recuerdo la primera vez que nos vimos: venías bajando la escalera, con tu suéter morado y tu collar de bolitas de colores, y lo primero que hiciste fue caminar hacia mí. Fue como si nos conociéramos de hace tiempo, como si supiéramos que a partir de entonces seríamos inseparables. Todo es difícil ahora que te has ido; todo es tan gris, tan triste, tan pálido. Cada vez que te recuerdo pienso que no hice…

Vínculo

Cuando le hablaron la mañana anterior para informarle que tenían a un donante de córnea, se encaminó de inmediato al hospital. Cuando entró al quirófano pensó que lo conocido por los demás sentidos empataría con una referencia visual, como alguna vez sucedió. Cuando le dijeron, al día siguiente de la operación, que abriera los ojos con mucho cuidado porque la luz le deslumbraría, pensó con recelo en lo que sucedería una vez que lo hiciera.…

Confiando en el etéreo

La página web era lo único que le quedaba al escritor, pero nadie lo sabía y ese era el problema: ya nada lo iba a sacar de la mucosidad negligente de su destino fatal, sólo pendía de eso sosteniéndose con dos deditos de una pequeña raíz al borde del tenebroso precipicio. Y ahora, después de sabotearse a sí mismo durante toda su vida, alguien más se metía con él. La página web no era suya,…

Una larga serie de curiosidades

Se reunieron en la única tarde soleada de aquel invierno. Beatriz había pasado su día inmóvil, sentada en la banca más solitaria de un parque en el que se encontraba por primera vez como si hubiera estado esperando otra oferta del destino para comenzar de nuevo con su vida; como si, por estar en un sitio inesperado, quienquiera que sea el encargado de tejer sus días, tuviera que reconsiderar la eficacia y prudencia de su…

Mis manos han vivido más que yo

Mis manos han vivido más que yo. En ellas deposito mi confianza. ¿Si no fue con manos expertas, con qué?/El demiurgo nos moldeó. Recoges la flor hermosa de temblorosos llantos. Entre tus manos la tomas y alzándola dices: «Se abren los pétalos, dejando al descubierto el núcleo de su majestad flor/Porque confían plenamente en la bondad del sol». Si llegara a picarte una abeja el dedo, ¡muérdetelo! Que no te duela que lo tengas inerte.…

Confianza

Uno, dos, tres pasos. Lento, muy lento. Podría gastar toda la mañana en darle una vuelta completa al patio. Descanso cada diez o quince pasos y vuelvo a comenzar y, a veces, me detengo durante mucho tiempo, pues casi olvido que estoy de pie, apoyada sobre esta andadera que desde hace más de cuatro años es la que me soporta. Lo más complicado es levantarse, incluso con ayuda. Siento como si de repente toda la…

El rostro de Ione Robinson

Se sienta ahí en ese lugar cada jueves, cuando el museo está por cerrar. Frente al retrato de Ione Robinson, a las 5:15 pm, una vez por semana. Piensa que irse a confesar es importante —necesario, de hecho— pero no le gustan los confesionarios: demasiado húmedos, demasiado oscuros y demasiado sin ojos, ¿qué tendría que irle a contar a un hombre escondido en las rendijas de una gran caja de madera con forma de letrina…

Buenos amigos

Abordé el taxi y le pedí al chofer que se dirigiera al hospital lo más rápido posible. Fingí estar alterado, con esa actitud que invita a quien se encuentre cerca a preguntar sobre los motivos de su visita al médico. Él, por supuesto, me preguntó enseguida si era grave el asunto. Le inventé la muerte de un familiar. —Uno nunca se acostumbra a estas noticias. Me sugirió que tomara las cosas con calma y trató…

Proveerá

—Dame la mano. Le dio la mano. Avanzaron treinta pasos más, cuando despidió al criado. —Regrese, Eleazar. No entre al pueblo: pronto estaré de vuelta. Y el criado se fue. Sin preguntar nada se fue. Siguieron monte arriba, abriéndose camino entre los abrojos. Ya las rodillas les sangraban cuando se detuvieron en un claro, entre matorrales revueltos y árboles secos. El viejo arrastraba la mirada ansiosa, buscando los tenues movimientos que delataran al menos una…

Pero… ¡¿cómo?!

Me besó. Su mano recorrió mi espalda, mis glúteos, y luego subió hasta mi nuca. De la nada sentí su palma sobre mi seno izquierdo y luego sobre el otro. Me distancié ligeramente pero él me cercó la cintura con su brazo y murmuró en mi oído: confía. Y confié. Cuando mi espalda desnuda sintió la hierba y todo el cielo parecía caer sobre mis ojos, percibí su cuerpo sobre el mío, su aliento en…

De ciertas islas

Algún día vendrán a rescatarme, pese a que ya hay demasiados barcos en altamar que estorban el recorrido de los mensajes de auxilio que envío en botellas de vidrio desde esta isla desierta.

El hombre no espera su muerte, confía en que llegará

*Esperar es desear que algo suceda; confiar es más rotundo, es esperar con firmeza y seguridad. La luz del sol apenas ilumina el borde izquierdo de la plaza, dejando el patíbulo a la sombra. El hombre también reposa en la oscuridad de su celda, pero sobre un colchón hecho de borlas tan dispersas entre sí como lo está su conciencia del amanecer. Los rayos iluminan sus pies y se desplazan lentamente sobre sus rodillas, muslos y…

Sísifo o me he de comer esa tuna

Todo era cuestión de tiempo, de plazos cumplidos y nuevos desasosiegos. Siempre era así, no importaba cómo eran los sueños ni cuáles los deseos, nunca se haría mi voluntad. Y así, la vida, simplemente la fe ciega, las preguntas muertas, las dudas desvanecidas. Por eso cierro los ojos, no importa lo que pase, ni lo que pese, esa piedra debe llegar a la cima de la montaña.

Una cuestión personal

Metió la mano al bolsillo de la chamarra, sacó su escuadra Smith & Wesson de cañón recortado, le puso el silenciador y salió del baño. Ella seguía recostada en esa cama alquilada, siempre la habitación 119, cada jueves desde su primera cita hace meses. Aún adormecida del placer que le generaba este encuentro clandestino con el mejor amigo de H., su marido. En ese momento, H. debería estar regresando de la ciudad vecina; todos los…

Av. 79, 80 ºC

A esa hora la ansiedad se dividía en 179 pedazos de uña, 237 rascadas de cabeza, 7 solos de percusión en las piernas, 6 mocos extraídos, 20 cigarrillos y una docena de maldiciones diseminadas por toda la avenida, como pedos sin dueño perdiéndose entre la gente sorprendida y el placer del viento de la tarde. Jorobando el caminado había calmado la gastritis y tenía en la cara una paradoja acuática de boca reseca e interminable…

Prometo no acordarme de ti

Una mirada cruza el extenso bosque de mesas. Esos tus ojos me han visto, quizá por accidente; accidente tuyo, mío o del destino, destino mal intencionado, mal y tensionado destino, des_tino / sin_tino. Sin ti no. No sin ti. Yo bajo la vista a la hojarasca y disimulo mi presencia. Un acto de tímida inocencia de mí se apodera. De mí, de mi demencia, de ti / de mí, de mi timidez - temida. Y…

De escurridores y seca-mentes

Una cazuela y cuatro vasos con sus respectivos platos que aún faltan por lavar. También cuatro tenedores, tres cucharas y un cuchillo ya sin filo. Entre el jabón y la fibra hay una tarja que atravesar. Así la desidia entre comenzar a armar argumentos o dejar que la sensación somnolienta sea un recurso de evasión. Primero los platos. A continuación, los vasos puestos boca abajo a un costado del escurridor. Imágenes estáticas que sólo se…

El día final

Todos uniformados, quietos y calladitos en su lugar. Martha se come las uñas. Francisco se suena la nariz. Lucía no deja de tocar su cabello. Óscar sufre de piernas nerviosas. Andrea casi se come un lápiz del número dos. Ricardo decidió mascar un chicle mientras que María se enfocó en mirar por la ventana y de vez en cuando, de reojo, la puerta. El reloj marcaba las 8:00 de la mañana cuando, como con una…

Persecución

Sucedió de repente al doblar la esquina. Ahí estaba aquella horda de locos, armada con palos y todo tipo de artefactos lesivos. Apenas los miré, regresé sobre mis pasos y eché a correr. En mi carrera tropezaba una y otra vez. Otras personas también corrían aterradas. Sin explicación las calles se convertían en laberintos, y yo me ocultaba donde podía: en el pórtico de un edificio, dentro de un carro con las llaves puestas el…

Enjambre

Pez acuarela acuarela de sol de piezas lavadas coral de piel colmena de fieras dormidas. A las letras de Luis Humberto Navejas

Sorpresa

La primera vez que vi la sala de mi casa cubierta de tortugas de plástico y pistolas de agua sentí un asombro inexplicable: un sentimiento de ansiedad, de alegría y tranquilidad. Fue maravilloso saber que era digno de todos mis deseos, de merecer la felicidad. Fue ese día cuando supe lo que era una sorpresa. Años más tarde –no recuerdo cuántos– dejé de esperar los regalos y me importaban otras cosas. Cosas distintas, seguramente, pero…

Autocomplot

Me gustaba despertar por las mañanas en la cama de mi abuelita, escuchar el fonógrafo y permanecer acostada hasta que el sol acariciaba mi rostro. Antes de salir de la cama observaba el nuevo día, el buró a un costado, las cobijas revueltas, el techo… y, sobre todo, un objeto que capturaba mi atención: el ropero, ese protagonista de canciones que –con sus grandes espejos que parecían ojos– me llamaba a explorarlo. Con un salto…

Ella florece

Casi al diez para las siete de la mañana, dos departamentos abren y cierran sus puertas al mismo tiempo. En uno de ellos vive Rogelio quien, como todos los días, espera escuchar los pasos de Graciela detrás de él. En ese pasillo que conduce a la salida, algunas veces se atraviesa en el paisaje sonoro el ladrido de un perro, sobre todo cuando rehúye al paso lento de su dueño. La bolita de pelos jala…

Leviatán

Cruzamos el desierto siguiendo el fuego. Entonces encontramos el mar y supimos nuestra sentencia: en cuanto nos alcanzara el ejército seríamos pasto de los chacales. Y sin embargo no se detuvo: caminó con la misma tenacidad de los días anteriores, se hundió en el mar hasta las rodillas e hincó el bastón de un golpe. El agua no salpicó, en principio no se movió siquiera: nos pareció que el agua era limo suave y el…

El loco

Faustino se fue, lejos, allá donde el flagelo mental de remanentes siderales. Ninguno de sus interlocutores le siguió el paso. Sólo se dejó llevar. Y así, casi sin darse cuenta, se encontró perdido en su soledad demente. Quiso regresar con todos pero no supo cómo ni por dónde. Y es que no era fácil; había creado para sí un laberinto. «Me tienen intervenido el cerebro los reptilianos. Sin nunca llegar a acercarse más de cinco…

Un sueño

Para Andrea Peralta Cuando abrí los ojos me encontraba flotando a la deriva en una balsa de troncos sobre las aguas del Támesis londinense, un río al que conozco sólo de pinturas y fotografías. No había sino unas cuantas luces en aquel lugar y su brillo tenue apenas dejaba ver los límites del cauce, los bordes del gran reloj británico, como sugiriendo un paisaje luctuoso. A bordo me acompañaba un amigo al que había dejado…

Canto

Soy hombre cíclope porque puedo cruzar las invisibilidades Soy hombre bestia porque puedo andar por el bosque más húmedo y no ennegrezco Soy hombre camino blanco porque puedo ver al sol amarillo directo a los ojos y no me quemo Soy hombre primavera porque puedo hacer reír a las flores Soy hombre caballito de mar porque he aprendido a alumbrar a mis hijos Soy hombre colibrí porque puedo mandar a los ejércitos Soy hombre campana…

De tenerte en mis brazos

Y allí está, sentada defendiendo el poco espacio que ocupa, discutiendo con sus ganas de abrazarle, en cama lloriqueándole al oído mientras duerme. Allí está, callada forcejeando con sus diálogos absurdos, con preguntas tontas, contra ideas sin respuesta. Y cuando por fin habla, cuando al fin pronuncia algún sonido, sus ojos se encuentran con los suyos exigiendo una palabra, demandando comprensión para el silencio. Y allí está, escuchándolo con gestos de interés, esculpiendo algunas muecas…

La fiesta

Hay un tipo especial de infierno que parece muy simpático, como una broma de mal gusto. Se borran todos tus recuerdos. Sólo queda una idea. Estás en un cuarto oscuro lleno de gente, esperas a que se encienda la luz. Hay una verdadera ansiedad, pues eres parte de un comité que ha preparado una fiesta sorpresa. Lo haces por una especie de responsabilidad. No sabes para quién es, pero sabes que no es alguien que…

Visión de túnel

Lo único que puedo ver es la parte de mi cuerpo que va de media pantorrilla hasta mis pies. Es de nuevo la visión de túnel que borra todo, hasta los límites. Los ojos desorbitados huyen de la cabeza, logro detenerlos sobre los tobillos. Todo lo que soy es hiperventilación y ahí se disuelve toda frontera. Las náuseas vienen amontonadas una tras otra e invaden este cuerpo que vuelve eternos quince minutos de crisis sin…

¡Grrrrr!

No juegues a ser monstruo, no te queda ese color. Si supiera que puedes asustarme con tus artimañas habría comprado un escudo protector o empuñado un anillo de poder, pero tu humor ácido e iluminación cruel no me intimidan. Tengo más fuerza para devolverte el grito, diez veces más voraz y cincuenta veces más ensordecedor. No te quedan los gruñidos y romper los muebles es tedioso, importuno… patético. No me amenaces con beber mi sangre,…

Constructor

El abuelo de mi abuelo hablaba mucho de cómo su abuelo hablaba muy orgulloso del suyo porque aquel señor, según la anécdota, había logrado erigir un edificio que atravesaba las nubes de tan alto, y de tan bien ubicado que estaba uno podía mirar los mares que rodeaban el continente a Este y a Oeste, los bosques interminables al Norte y las montañas nevadas al Sur. Eran otros tiempos. —Muy lento, pero lo levantó con…

Que se quedara conmigo

Yo sabía que llegada la mañana tendría que irse. Seguramente tomaría sus cosas y, tal como llegó esta misma noche, cerraría la puerta dejándome aquí. Fue algo ocasional, no era uno de esos romances especiales; el tipo me gustó como pudo haberme gustado cualquiera. No era guapo ni fornido. Me trató con toda la delicadeza que yo necesitaba y quise conservarlo, quise que se quedara conmigo. ¿Quieres hacer un viaje que nunca se te olvide?,…

Credulidad

La pequeña Carmen, de tres añitos, se entretenía mirando a María, su madre, recolectar los frutos de las hortalizas y de los árboles. Mientras saboreaba un durazno preguntó a su madre: ―Mami… ¿pol qué hay fluta? ―Porque tu papá la siembra. ―¿Siembla todo? ―Sí, todo. ―¿Y todo clese? ―Ajá, todo crece… Rafael llegó cuando ya casi se ocultaba el sol. María le sirvió la cena. Poco después, Rafael sacó unos pocos billetes y monedas, los…

Sorpresa

Un destello de luz rebota en la superficie de la mesa y luego va a estrellarse contra el ventanal de la cafetería, produciendo un sonido cristalino, como el de cientos de astillas perforando el verano. La mujer busca el origen del resplandor y lo encuentra en los rayos de sol que salpican el toldo de un auto mientras este atraviesa un punto específico de la calle, uno que está sobre el paso cebra, un poco más…

El regalo

El paño tenía unas manchas bermejas y un cáñamo amarrado con descuido. Supo de quién era: ninguno de los clientes era tan generoso para darle algún regalo. Y ella a nadie más le disculparía quedar a deberle algunas monedas. Esa noche, Rachel llegó al burdel un poco más tarde de lo normal. Sus compañeras le dieron el regalo inesperado entre risas y burlas, sabían que era algo absurdo como siempre. Ella también se burlaba un…

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