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Los ilustradores tuvieron primero una visión y tras estamparla en un canvas los escritores describieron la historia.

Y vivir así para siempre

Te imaginas estar así para siempre. Suspendidas en el dulce letargo de las tres de la tarde. ¿Te has fijado cómo todas la mujeres de las revistas salen con la boca entreabierta? Sí, como si estuvieran cansadas de comerse una verga; mitad con ganas, mitad con asco. ¿Me querrás aun después de que las bichas hayan muerto? Hace calor. A veces se me antoja un té de durazno o uno de melocotón, como tus pechos.…

El prendedor

Si vieras cómo me gusta este prendedor que traigo acá en la mente. Cada vez que lo miro está tu cuerpo recostado y están tus labios, está el aroma de las sábanas, la almohada, tus labios de nuevo y tu piel de almendra y toda tú en la solapa de mi recuerdo más vivo y más piel. Hoy te busqué por los pasillos de la tarde, caminé por los jardines y los parques de una…

Carmín

Rojo, cabello largo, piernas entumidas y enredadas como un caracol. Dicen los de la aldea que la han visto caminando por las noches, mientras los lobos hambrientos aúllan oliendo el humo de la fogata que se esparce por el viento como buscando alguna presa que comer. Es tan bella como blanca; hipnótica, perfecta combinación de humano y animal. Si logras mirarla a los ojos, cual Medusa se mete en tu cerebro, te paraliza y acaba…

La vasija

Después de dar tanto, de dar hasta que duele, generalmente sólo queda un corazón cansado de dar y ofrendar; un corazón seco, una vasija vacía que en cualquier momento puede resquebrajarse si no recibe un poco de calor que disipe el frío que lo marchita, una esperanza de que alguien lo acoja y lo cuide, lo proteja, lo cure y lo renueve. Tomé su corazón la noche que las estrellas cayeron, esa noche en la…

El lobo del hombre

“Yo me lo meriendo”. Y no mentía, era de palabras definitivas y concretas. Salió de la vieja cabaña con camisa de franela a cuadros, sus botas, su sombrero y el hacha que todos los árboles temían. Sabía que aquella bestia estaría esperando en el camino a casa de la abuela, acechando los pasos de la Caperuza. Todos conocían la historia: el camino corto, la casita solitaria, la abuela y los etcéteras de siempre. Aguardaba, ningún…

No te duermes

Cierras los ojos, pero no te duermes. Sientes cómo nacen del tornado las flores de cabellos autónomos y ojos desorbitados, las sientes parir al escarabajo obsesivo que hará rodar la boñiga de la noche. La noche del silencio y el latido. La noche que se clavará en el cuello de todas las noches. La noche que no es noche sino diluvio de sombras. La noche de los pétalos negros y alados. Cierras los ojos, sueñas…

Ansiolíticos frente al espejo

Nadie nunca supo marcar con exactitud la línea que divide a los anhelos de las ansias. A los sueños de la impaciencia. Necesito dormir, necesito recordar cómo dormir.    

Observación minuciosa de un defecto

Es un tipo guapo, lo sabe, lo sabe cuando por la calle las chicas lo siguen con la mirada, como si quisieran apresarlo entre las pestañas. A su paso ellas tienen ojos de planta carnívora. Las peores veces, se muerden el labio inferior y mueven la cabeza. Lo desean. Él lo sabe. Todo le es indiferente; las mira y descifra en un segundo lo que quieren, pero no le despiertan ni siquiera una sensación de…

Carne de mi carne

Tenía los labios resecos debido a la deshidratación. Hacía ya tres días que no bebía una gota de agua y tres semanas sin probar alimento. Se sentía débil, con las extremidades agarrotadas por tenerlas durante tantas horas en la misma posición. Abrazaba el pequeño cuerpo negándose a soltarlo. Creía que, si lo sostenía con todas sus fuerzas, lograría devolverle el aliento vital que hacía días había abandonado el cuerpo de su hijo. Todo se había…

Dientes naranjas y no es por comer Cheetos

Ser conejo es fácil. ¡Chomp, chomp! No hay tragos caros, ni hangovers. No hay preguntas después de one night stand: ¿Alcancé a venirme afuera? No hay jefes estúpidos, ni nasty costumers. ¡Chomp, chomp! No hay despedidas abruptas. Tampoco taxis a medianoche con el acelerador al fondo para no voltear. ¡Chomp, chomp! No hay calvicie a los 40 o, peor aún, a los 30. Ni caídas de huevos. Ni silencios incómodos en el lobby de una clínica…

Técnicas para dormir bajo tu sombra

Y qué hago si en medio de la oscuridad comienzas a traer a todos tus fantasmas. A todos los conozco, me has presentado adormilado todas sus credenciales. Tus fantasmas, que no son otra cosa que tu yo repetido. A veces son molestos, a veces sólo me atraviesan el alma. Suelen ir subiendo por las sábanas, se meten bajo mi almohada y la comban del lado derecho. He tratado de moverte, de llamarte a susurros, a…

Abuela

La noche contigo siempre fue azul. Tu brillo nos mantenía lejos de cualquier oscuridad que nos arrojara al vacío de no saber si habría mañana. Recuerdo estar recostado con la cabeza en tus piernas, viendo tus ojos cambiar de color bajo la luz de la luna, sin poder descifrar si eran azules o no o si era que la luna te besaba en los párpados dejando tus pupilas luminiscentes y opalinas. Tus ojos se llenaban de…

No apagues la luz

La sombra, el miedo, el mal se te atribuya, solícita, poeta, enferma, fría, manos del bravo y pies del fugitivo. Que vele o duerma, media vida es tuya; si velo, te lo pago con el día, y si duermo, no siento lo que vivo. Federico García Lorca Todo pasa de noche, en el tiempo en que no estás. Las historias de miedo cuentan sus mejores episodios y los animales peligrosos, ocultos tras la sombra de…

Azul de mirada fría, antártica, polar…

Todo brillaba en la ilusión y la simulación, lo siniestro no asomaba, sólo el terror del ogro y ese cuento de que muchas lágrimas derramadas podrían hincharlo hasta alcanzar proporciones monstruosas, inflarse hasta robarme el aliento y matarme de asfixia; sin aire, una mortal inundación. Pero no eran más que cuentos, pesadillas y desvelos intermitentes: aguardaba en la noche la mirada cálida de mi madre y sus mágicas palabras, que pintaban un mundo hospitalario y…

Priscila en el empedrado

Lo sabías, bien lo sabías. Volviste a soñarlo como cada noche desde que decidiste que él sería el hombre, tu dios astado: el alce blanco que entra en tu habitación, que se acerca y te olfatea y con su falo te roba el himen mientras gimes tirada en la duela y te vuelves escarlata en medio de tu cuarto. Y el alce descarnado, sin piel ni músculos, es un cadáver frío parado en el borde…

La niña de mis ojos

Tantas veces vi a la niña correr descalza. Se marchó con su crueldad bajo la lluvia. Se mojó la cara y las manos; las gotas casi le abren huecos en las cuencas de los ojos. No hace mucho tiempo la volví a ver. Aún corría para escapar de su pasado, con los zapatitos de piel empapados. La malicia del asfalto hizo grietas en las plantas hasta que sus pies se hincharon con el frío. Con…

Como una estrella de diamante enfermo

Enfermo del ánimo, detenido en el lugar más árido del espíritu, miro cómo la oscuridad va ganando peso en el horizonte intranquilo. El tiempo está ahí, es un campo fértil; pero el desánimo nos hace permanecer aquí, inmóviles, observando impasibles cómo el tiempo se va llenando de polvo y nos sepulta como esas palabras brillantes que jamás se pronuncian. La oscuridad avanza, la lejanía va descomponiéndose en sus últimos magníficos colores como una estrella de…

Recordando días de noche

De tiempos viejos, guardados. Es impresionante el efecto efervescente que producen estas imágenes en mis debilitadas glándulas lagrimales. Día a día cada uno de estos seres tan queridos que ya no están, guardaron sus rostros con gestos fugaces. Algunos reflejando sus emociones a flor de piel, otros simplemente proponiendo una pose, todos con ropa que ya no se usa. Todos estos días los estoy recordando en las noches. Todos los días a la misma hora…

La fiera

Absorta ante la luz del relámpago vive la fiera, despierta el bosque en el que habita ese hombre que no duerme y que espera calcinado por esa furia ancestral que todo lo habita y a la que nada se le esconde. Desde la más lúcida intimidad el hombre observa los rincones de la habitación, son ya seis días de memorizar las telarañas del techo, los huecos de las paredes, los colores borrosos de la mañana,…

Y cuando sale el sol…

No dejes caer luna terrestre una mirada más de tus ojos. Si se va de ti la noche, en otra boca hallarás la oscuridad.    

Lotería

Las que aúllan. El excesivo, la que copula con sombras, la del silencio en las ganas, los de asimetría de mente. El anómalo, el hambriento, el desnudo, el roto, el despeñado. La que se come a sí misma. Los furiosos, los poseídos, los arrancados, las de papel, las transparentes. La punta de cada aguja, el trago enmendador, las descargas que profanan universos. El páramo dentro. El miasma, la materia negra, el laberinto. La luz del…

I think I’m paranoid

Me devoran todas las miradas que se adueñan de mi tiempo. Los azulejos quebrados rebuscan entre el frío los restos que mi piel ha repartido en el viento. Las horas huecas que se esconden en mis labios parten y transcriben caricias ausentes de tu boca. Transparente e inmóvil permanezco ahogada en los inciensos. Las violetas han dejado los espejos y mis ojos respiran agua del suelo, donde tus pasos dibujados se van borrando y huyen,…

Tulipanes

A veces morir no es suficiente, a veces el olvido no tiene esa contundencia necesaria para que la muerte resulte suficiente, a veces los brazos se pierden de cansancio y descubrimos que somos el Sebastián lacerado, el ave que se cae del nido antes del vuelo, la flor que recién abierta pierde los pétalos con su primera lluvia. Dicen que de amor no muere nadie. ¿La gente qué sabe de los alborotos crueles de la…

El cordón

El dedo atado con un cordón, para no olvidar. Un cordón que le robé a tu zapato izquierdo la última vez que te vi. Ni siquiera pensé si la falta del cordón afectaría tus pasos, si te caerías. Sólo pensaba que te vería de nuevo, aun si te caías. Los primeros meses pasaron, los otros dedos se encelaban de no tener ellos nada qué recordar. Y mi dedo índice se paseaba orgulloso y pedante frente…

El periódico de la mañana siguiente

El problema de esa noche fue que olvidaste tu bolsa en casa. Ahí es donde todo valió madre. Lo que pasó durante el trayecto, en la fiesta y luego en el after sale sobrando. Sólo recuerdo que en ningún lado dejabas de ir al tocador. Regresabas con los labios hinchados en labial carmín, me besabas con pasión desmesurada y te acercabas tanto que noté tu acelerado ritmo cardiaco. Raro, nunca te quejaste por haber olvidado…

Ana & Nelly

La disco giraba alrededor del rojo intenso de un viejo bombillo. El sopor y el denso vaho de humanidad eran fáciles de ignorar dado el increíble sonido que vertían los parlantes. Salí con mucha gente pero ahora sólo quedábamos ellas dos y yo, o sea que, en cierta forma, estaban a mi cargo. El Tíbiri ponía estruendosa salsa: pura rasquiña y sudor del trópico más criminal y más bajo; bailar y tropezarse, transpirar juntos, sortear…

Esto no es una pipa

He estado pensando mucho en el amor últimamente. Bueno, sobre todo en las personas enamoradas. Yo ahora no estoy enamorado y me alegro de no estarlo. Cuando veo cómo se comportan ciertos de mis amigos y amigas enamorados, se me quitan las ganas de inmediato. Es como si de pronto fueras otra persona, otra persona desconocida para los demás, con nuevos gustos e ideologías. Luego cortas y vuelves a ser el mismo. Ojo, no estoy diciendo…

El anhelador

Sé que te pone la mano en la cintura cuando te besa. Por ahora. En dos días la tendrás en tus nalgas todo el tiempo. También sé que tiene mal aliento y cuando se ríe cerca te da un poco de asco. Sé que cuando lo abrazás te parece que sus sobacos huelen un poco agrio y que siempre está sudando frío, como un animal que miente. Sé que tiene las manos fofas siempre húmedas,…

Algunas sí

Regresé de mis pensamientos justo cuando dijiste: —Siempre estás como en otro lado. Y no sabía a qué te referías. Bueno, sí sabía. Pero confiaba en que nunca lo ibas a notar. Seguías creciendo, seguías floreciendo y trascendiendo a nuestro otrora espacio de seguridad e inmunidad. A nuestro inquebrantable escondite. Tus ojos azules eran como un lejano faro. Yo lo odiaba. Lo odiaba porque me advertía de la nueva distancia entre nosotros. Encerrados en nuestra…

Con los hilos de fuera

El azar domina los hilos de los que cuelga el destino. No se sabe si es el dedo gordo del pie izquierdo lo que le lleva a caminar en esa dirección. O si es la espina dorsal lo que hace que mire al cielo cada tres pasos por si alguien desde arriba lo estuviera siguiendo. De ser así, lanza unas veces una mirada amedrentadora para que lo de arriba tenga que hacerse el disimulado y…

La esencia muerta

Porque los anhelos son la filosofía radiante del espíritu, formulan un carácter fabuloso del sentido; estimulan la voluptuosidad ante las formas. El árbol desorbita a la percepción, le crea un asenso. El agua incita al reposo y a las transparencias, es lo más parecido a la paz perceptiva, pero las altas mansiones aplacan a las explosiones imaginarias, les inyecta su anestesia gris. Se ve caer la nieve, la fuente es un círculo de hielo, un…

Amada madre y esposa

Quisiera caminar una vez más bajo la lluvia, tiritar de frío, desnudarme al llegar a la casa y tomarme un té caliente. Sentir el calor del bombillo incandescente que me negué a cambiar por uno fluorescente. Escuchar el toc, toc, toc, del reloj de pared que todos odiaban pero que heredé, con gusto, de mis padres. Sentir las arrugas expandirse por mi cara. Ver mis cabellos volverse blancos. Fumarme un bareto, tomarme un güisqui, tocarme…

Autómata de sonrisas

Me molestan las voces, todas las voces que se enciman sobre el revoloteo de las alas de los moscas que vuelan en  mi espalda. No recuerdo bien cuándo fue que empecé a escuchar un zumbido y que mi oído se volvió selectivo: sólo oigo lo que quiero cuando quiero pero estas voces, estas tontas voces, no se callan. Lo único que se me ha ocurrido hasta ahora es reír como una loca, reír hasta que…

Medusa

Siempre me preguntaba de ti, siempre quiso que le dijera si tus labios de verdad eran tan suaves y delicados como parecían, si tu piel era tan tersa como esos pétalos suaves que tienen las rosas. —No,  ella es como las rosas, pero sus labios no son de esa tersura que se parece a los musgos que nacen en la lluvia. Ella es una espina, es de esas flores que lastiman. La tersura de su…

El caballete de un cubista

“Qué les ocurre entonces a las cosas me deja indiferente…, sólo les queda resignarse con su suerte […]. Después podrá uno borrar las huellas de lo real” El silencio de la noche taladraba su cabeza. Los rumores en el cuarto oscuro del mundo hacían insoportable el latir vigoroso de la sangre. La mano se cerraba angustiada abrazando ese instrumento mortal. Los murmullos sin boca, sin ojos y sin rostro, exigían una acción radical: una incisión,…

Cor et Caput

Caput era el rey del Reino de Allá y se distinguía por gobernar con la cabeza. El reino era próspero, lleno de edificios, autos y restaurantes de comida rápida. Los habitantes eran ambiciosos y adictos al trabajo. Construían casas enormes, desayunaban en sus coches y tenían una sed insaciable por "lo mejor". Los niños crecían en guarderías, aprendiendo matemáticas, modales y el valor del patrimonio. Cor era el rey del Reino de Acá y sus…

Luz

Cuando me quedo viendo fijamente el teclado de mi computadora pensando qué escribir, comienzo a ver en cada tecla la cara de Astro Boy. Luego lo intento de nuevo pero ya no logro ver nada, sólo teclas con letras impresas como debe ser. Es parecido a uno de esos efectos que provocas para ver las figuras que hay dentro de los cuadros de tercera dimensión. ¿Existen todavía? En los 90 estaban de moda. Recuerdo bien…

Este lado hacia arriba

Cuando traes unas tijeras en las manos no queda nada más por hacer que recortar. Yo ando buscando la línea punteada. Encontré los círculos dónde poner los ojos y el interruptor de la luz que entre un click y otro me lleva de adentro a afuera. Yo ya tenía brazos para sostener las manos para sostener las tijeras y cortar, si no los tuviera no podría tener tijeras tampoco. Sigo el rastro punteado y a…

De la coronilla al perineo

Me gritas e intento calmarte. Te pregunto y no me contestas. Me dices y no te entiendo. Te invito y te vuelves un lastre. Me adulas y te devuelvo una bofetada. Te hablo tierno y crees que me burlo. Callas y pienso que eres culpable. Te acaricio y buscas un cuchillo en mi mano. Me atraes y espero una zancadilla. Te digo te amo y te cagas de risa. Me dices que me necesitas y…

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