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Los ilustradores tuvieron primero una visión y tras estamparla en un canvas los escritores describieron la historia.

R2-D2C

Amira tenía asma cuando pequeña. Su papá, el ingeniero Carvajal,   le construyó un humidificador que se parecía a R2-D2. No era un simple humidificador, tenía incluida una caja musical que tocaba todas las noches la canción de Agustina y el mar y todos los días, con tan sólo presionar un botón, The passenger de Iggy Pop. Además prendía los ojos, hablaba como en las películas y proyectaba estrellas y constelaciones cada que anochecía. En la…

Ni esa, ni la anterior

Como un pedazo de flor vencida, una caja de cartón mojado o unos lápices sin punta, voy deshebrando mis pieles. Una tras otra van cambiando el color, la forma y el tacto. Ya no soy la que se quedaba con piel de frasco, esperándote despierta toda la noche, en la esquina de esa casa, para correr y dormir en cualquier cama que incluya alguna parte de tu cuerpo. No soy la que despertabas cada martes…

Decires

Mi cuidad se perdió en la foto de una Kodak. Esta que ves no es mi ciudad, ni mis calles. Los automóviles siguen pasando rápido y los mendigos aunque más viejos son los mismos, me lo dicen sus ojos, sus manos con olor a aguardiente y su olor a caramelos de leche de cabra. Extraño la ciudad, el campo, la noche y el olor del café es algo inimaginable, pero la ciudad está hecha de…

In memoriam

Las bajas obsesiones bullen en bajo. Hierven con la paciencia del universo a través de eones para luego estallar en cataclismos, sismos, explosiones, armagedones y demás pataletas. Es decir, le ponen lo divertido a la vida. Cuenta la leyenda que Sonia Cordero se consumía como un cigarrillo en una moto cada vez que su novio Máximo miraba alguna otra mujer del planeta. Cuando recorrían a pie las calles polvorientas alumbradas por el amarillo de un…

El mal

El cielo iluminó el pastizal y un soplo trajo un sabor a madera. Los sentí acercarse uno a uno, sus ojos encendidos y sus respiraciones pasmadas. A la distancia, el resplandor se mecía de rama en rama, murmuraba sus pasos sobre cada brizna de hierba y cada arbusto mullido. Y el vaivén del horizonte nacía en la mirada de todos. Crecía de pronto una luz que ocultaba a la luna y se retorcía aquí y…

Llamas a mí

La lluvia de fuego era lo de menos, no había nada qué quemar. Estábamos solas y apenas alcanzamos a agarrar un par de cosas antes de salir de casa, cosas sin importancia pero importantes. Yo sostenía a mi hermana por la cabeza y así la levantaba cuando teníamos que correr. Tomaba su cabecita como si fuera un balón de basquetbol. No pesaba, nunca había pesado. Y el fuego caía siempre antes o después de que…

Bisturí

—Toc toc — ¿quién es? —Andrés — ¿qué quería? —un amor — ¿de qué color? —verde —no hay —amarillo —no tengo —azul —tampoco — ¿de qué color tienes? — ¿de qué color sangras? —rojo —felicidades — ¿qué? —sácame el corazón

Cíclope

Nada sino la luz. No hay nada sino la luz contra la luz. –O. Paz La letra mira la sombra que proyecta. Regresa la vista a quien la escribe. El ojo de la letra es un astro. Avanzo directamente hacia ella, la embisto, la pronuncio y de inmediato se multiplica. Avanzo, su aliento me pertenece. Yo la pinto de negro, le doy línea y forma, sonido. Herida sobre el papel se deshabita. Su soledad en…

Zona franca

Cuando recién llegaron a la Tierra un problema en el aterrizaje dividió la cápsula en dos partes y lo dejó sin comunicación, perdido y herido lejos de sus compañeros de misión. Garibaldi, el perro de Inocencio, fue quien lo encontró y lo llevó en el hocico hasta las piernas de su dueño. Aunque tuviera forma humanoide y fuera apenas un poco más grande que un colibrí, lo único que pareció importarle a Inocencio fue su…

Umbral sin puerta. Oleo sobre tela

Entrar por esa puerta es un trabajo extenuante. Por la mañana se da un baño corto pero con una cantidad exagerada de champú para que el olor le dure todo el día. Todo el día en el call center contestando llamadas de clientes molestos. A veces ni siquiera sabe qué compraron o qué servicio estuvo mal hecho. Sólo recibe gritos, a veces felicitaciones por su trabajo (una vez cada seis meses, en promedio). Pero lleva…

Por si acaso

He decidido darle cuerda a este corazón oxidado ponerlo en marcha una vez más hacer que salga musiquita por cada uno de sus ventrículos plateados Dejar que mi cuerpo se manche de estrellas que mi cabello se enrede con el viento que por mi boca suspire el tiempo mientras me besas Te lo platico por si acaso por si quisieras volar conmigo reflejarte en mi mirada andar juntos por la playa correr descalzos desnudos …por…

Hoy

Juliana se quedó trabada pensando en el hoy. Siempre será hoy cuando le pase todo: hoy se morirá su perro, hoy se morirá su madre, hoy tendrá que buscar un nuevo trabajo y con suerte hoy encontrará uno nuevo. Hoy tendrá buen sexo y hoy se sentirá medio violada. Hoy tendrá un hijo y hoy, si la vida se pone de malas, podría llorarlo porque hoy se fue antes que ella. Hoy podría ganarse una…

Ave de tiempo pasado

Los dibujos encontrados en la cueva de la ciudad perdida dejaban ver que en algún tiempo una especie de ave había regido la vida de los hombres. Nunca se pudo entregar prueba viva de su existencia. En los casi destruidos documentos que se encontraron, podía suponerse que aquel animal dejaba sus plumas por todas partes, que sus huellas podían seguirse aún sin verlas y que volaba en completo silencio. Los hombres que todavía habitan la…

Un cubo. Esqueleto de mentes poderosas.

Con la capacidad de moverse totalmente inactiva, con los ojos detenidos en la luz titilante y los dedos partidos en 16 botones, descansa Ernestina. La carne de su labio inferior cede poco a poco y su baba empuja hacia abajo desbordando la comisura. Su desierto mental crece y la bocanada de anuncios se expande. Ernestina no habla. Su columna vertebral se parece a un caracol. Su cuello flácido apenas respira un poco de verticalidad. Ernestina.…

Antirrábica

«Cuando el mundo tira para abajo, es mejor no estar atado a nada.» Primero fue Patricia. Patty esperó a que yo pagara la cuenta en el restaurante, y me dijo, no te soporto, no aguanto más tus quejidos de perro atropellado, se levantó y se fue. Carla aguardó a que llegáramos a su casa. Se bajó del auto y luego metió la cabeza por la ventana y dijo hasta aquí llegamos, tus lágrimas constantes de…

Escurridiza

La abuela… Cuando tenía cuatro meses de nacida, dice, se le cayó al bisabuelo y se rompió un dedo del pie (dice que fue el chiquito, pero nunca le he encontrado la marca). Luego, a los dos años, mordió al gato y el gato la mordió a ella y de un zarpazo le desgarró el lóbulo izquierdo; usa aretes, sí, pero tiene las perforaciones a media oreja. Esos dos buenos signos marcan su vida: tiene…

Árbol

El papel es nómada cuando anda suelto: a veces va a donde quiere, a veces no. A veces viaja donde el aire lo lleve. La carne es pesada, dura, difícil de mover, y así yo me quedo siempre en sitios que no son más que estancias estáticas, viendo el aire pasar en direcciones contrarias a la permanencia. Quítame los huesos Dios. Hazme leve como la hoja. Déjame volar y que el viento rebelde me monte…

Íncubos y súcubos

Escucho murmullos, quejidos, gritos, y no son fantasmas, sino otras mujeres. Yo sólo espero que él venga y se lleve lo que me queda de digna. Me comporté. Fui puta. Fui su porno dama. Aquí me tiene, encerrada, con sobredosis de soledad. Paciente. Sé que si logra abatirme no volverá a probarme, y guardo la esperanza de volverlo a sentir teniéndome entre sus piernas. Me vendrá a encontrar ya muerta para chupar mis huesos. Y…

Obtuso

Siempre fue cuadrado y, aunque tuviera cuatro ángulos rectos, siempre le dijeron obtuso. Al menos hasta que la conoció, después de eso él y ella se pusieron cuadraplégicos a navegar hirsutos de bonanza y kashmir, a boicotear picos de arancel y balar pirotecnia embalsamante. Calaron entremecidos los balines de los hisopos y marmotearon falsiformes los cubículos antroposóficos. Arremetieron esdrújulos contra el vitiligo diario del circulo hexadecimal y pospusieron la reversa hasta que las perséfones no…

Hambre

Lo domina, su hambre es mórbida. Comenzó a meterse comida en la boca a los setenta kilos y, luego a los ochenta, tragaba papel y plástico. Para los noventa comía tierra, plantas y flores. No era el ser humano detrás del hambre quien quería comer, sino el hambre misma, se había vuelto un poseso. A los cien kilos devoró un gato completo y vivo. Luego, conforme pasaban los días y los kilos, él se tragaba…

Matemáticas simples

Hierve el chocolate en una olla para dos y en la casa arde la madrugada. Me sostengo el corazón en la mano para que no brinque y gima como marrano en su corral y al tacto pesa demasiado. Entonces me encimo la ropa y afuera busco el frío que me dé templanza y no hay más plazas donde pasear que aquellas con hedor a orines de perro y borracho. Ni hombres qué amar salvo aquellos…

Un poema por hora

Así pasó el martes apretado, donde la lluvia acompañó la tarde, deshilachando cada palabra entre cervezas y ruido. Un par de señoras querían que les construyera un recuerdo, algo que hablara de la guerra y del chocolate. Un señor que andaba buscando sacarse un poco el frío quiso algo que hablara de unos ojos y una ventana. Llegaron unos niños que querían un poema para su maestra, que tuviera muchas flores y colores. Se fue…

Camino al mar

Me pediste aquella noche que te despertara cuando saliera de casa. Te vi durmiendo tan tranquila como un ángel que no quise interrumpir tu sueño y dejé que te arrullaras con tu propia respiración. La noche dejó desierta a la ciudad y sólo se escuchaba el sonido del viento entrando por la ventana, acariciando apenas el filo de la cortina. Intentabas con dificultad abrir los ojos, me buscaste angustiada con las manos pero yo ya…

Amor especulativo

No se trataba de que me amaras, mis planes contigo eran otros menos nobles. Hoy me preguntas qué fue de esa mujer entercada en conquistarte, de ese cuerpo siempre húmedo y dispuesto, pero no hubo tal mujer, no fui yo quien llamó tu atención, quien tomó tu plaza, y es que ni siquiera ahora que me voy te das cuenta de cuál fue la estrategia, ni siquiera hoy eres capaz de ver la sinrazón de…

Un poco más

Subí montañas, crucé océanos y conquisté las cavernas más profundas. Nadé en tinacos llenos de billetes de alta denominación y cedí todo a la humilde filantropía. Canté, bailé, escribí, toqué treinta instrumentos y esculpí dos toneladas de piedra. Limpié mis entrañas con jugos y néctares verdes, exploté mis músculos hasta su máximo esplendor y me arreglé los dientes con el dentista. Comprendí la base del budismo y me adentré en viajes astrales a través de…

Donde te lleve la noche

Laura acompañó a Juan a través de doce calles oscuras, un pequeño parque que hedía a popó humano recién hecho, dos avenidas y un puente; luego cruzaron la noche hacia la izquierda bordeando una cancha de béisbol abandonada cuyo último jonrón había sido conectado en 1989 y ahora era un nido gigante de maleza, ratas, y mansos vagabundos. En todo este recorrido ella se había fumado 3 cigarrillos. El unos diez. Eran las tres y…

Mare Frigoris

No me gustan las galletas de limón. Ni los dulces de menta. Por eso le dije que no. Pero tenía panecito de chocolate y unas paletas de fresa. Entonces me cayó bien. Iba después de la escuela. Siempre pasaba rápido, me acariciaba la cabeza y me daba mis dulces. A veces me llevaba latitas de refresco de uva y papitas. Me decía que eran para el recreo de mañana. Un día me dio un cangrejo…

Chackra mental en el centro de la frente

La carnada estaba ahí esperando. Colgando de un hilito cualquiera, uno que encontró en la caja de costura. Un pobre hilo sin personalidad dándoselas de sedal. Pero estaba tendido. Tan sensible como ala de mosca, ahí puestito para que cualquiera se prendiera de él. Ahí, solito, hilito, esperando. La trampa estaba en que parecía una buena idea. Una buena idea que merecía ser pensada una y otra vez. Darle vueltas, darle forma, darle una revolcada…

Anzuelo recurrente

¿Qué tipo de marinero sería yo si aventara por la borda este trofeo? Quizás no es la mejor mujer del universo, pero mordió el anzuelo. Eso debería de bastar, ¿o no? Que me amara. Pero no. Este deseo que me exige un pez más gordo, más inteligente, de mejor figura. ¿O qué chingados quiero? ¿Para que aviento mis entrañas al mar si no estoy dispuesto a aceptar la responsabilidad de quien sacrifica su vida a…

Sueño en llamas

Deja de mirarme así. Tus ojos están atravesando mi espalda mientras camino de regreso a casa. ¿No puedes decir nada? ¿No puedes gritar? ¿Pedirme que no me vaya? Me tienes caminando con palabras en las manos, repitiendo para adentro la última frase, en un rebotar constante de mi lengua contra el paladar, mordiendo la última palabra que no quería decirte. Me tienes cansada, fumando el frío de la noche, desprendiendo mi carne de tu anzuelo,…

Mi A.U.

En las tonalidades de la noche se alcanzaban a distinguir los movimientos de su cola. Trataba de llegar a esos pasos que sus garras detectaban. Eran ellos, los que almacenaban semillas. Y con ello aparecieron los roedores. Poco a poco se acostumbraba a la calidez humana. Y también a sus prejuicios. Calamidad y veneración en un solo cuerpo peludo. Su disfrute no está sólo en comerlo, sino en seducirlo y sin pensarlo, agarrarlo. Tuvieron que…

En la red

Yo sé que tienes miedo, sé que me lees y guardas todo, sé que escondes cada cosa que te he regalado como un tesoro. Y yo te digo: ¿para qué? No estoy pensando en nada, a veces cuando hablas, juego a estar interesado, por compromiso. No me importan muchas cosas de ti, ni tu pasado violento, ni tu presente inconstante. No me importas por mucho tiempo. Te lo aseguro. Pero cuando te veo, desnuda, como una…

Bailemos mujer, bailemos

Bailemos hasta desaparecer entre el humo de esta habitación sin ventanas. Asfixiémonos lentamente mientras esperamos la madrugada, droguémonos de besos y caricias, sintamos la humedad de nuestras ganas. Déjame ser yo quien te haga levitar, quien te haga cerrar los ojos mientras sonríes. Olvidémonos de los viejos amores, quememos los recuerdos con gemidos, que el silencio se vuelva ruido, que mi espalda se dibuje de rasguños y las sábanas se mojen hasta horas tempranas. Olvidémonos…

El plato del buen comer

A los seis meses, Emiliano Gael, ya comía huevito con tocino, eso y su Kinder Delice. Estaba bien bonito, mijo, con sus piernotas que apenas y le entraban los calcetines. Bien chillón y tragón que era: en las noches su mamilota de leche con un Gerber disuelto y luego luego despertando, jamoncito o unos bombincitos de fresa ¿te acuerdas? La primera vez que probó el chicharrón, hasta gritaba para que le diéramos más y fácil…

El grueso de la población

Luciano falleció una tarde cualquiera, durante la celebración de su cumpleaños treinta y seis, llevándose consigo a la mayoría de la población de aquella hermosa ciudad. Con todos sus músculos contrayéndose en espasmos, cayó sobre la comida, acompañado de temblores y mareos, mientras apretaba su pecho robusto con ambas manos. Con la quijada endurecida y los ojos bien abiertos. Con la sangre inmóvil. Con la nariz clavada a fondo en algún platillo grasiento, Luciano dejó…

Mi oso

Después de haber sido un hombre, lo primero que quise fue olvidarme de mi padre. Necesitaba olvidarme de mi padre. Al ver mi majestuosa sombra y el poder de mis brazos, era absurdo que un recuerdo así ocasionara nuevamente mi extinción; además, estaba seguro de que un animal con tal potencia en garras y dientes no podía darse el lujo de sentir la tristeza y abandono que sentí cuando era humano. Así que lo primero…

Dulce amor

Nos costó mucho trabajo hacernos, acostumbrarnos. Los días para mí, habituado a levantarme al alba e irme a la cama en cuanto la luz se disipara, dejaron de existir. Las horas a oscuras se superponían minuto a minuto, una tras otra. Las noches se alargaban. Largas eran las noches, larguísimas. Durante el día uno se da cuenta del paso del tiempo por la luz. El sol lo determina. La posición de las sombras, el anuncio…

Caramelos de mantequilla

Con su cara llena de alegría y un vestido blanco que le hacía ocultar la gordura, Carlota salía a asediar a sus próximas e incautas víctimas. Siempre prefirió a los jóvenes robustos y con las mejillas rosadas; bien alimentados, pues. Los llevaba a su casa por medio de artimañas, les ofrecía unas copas de champaña de la cara y platillos exquisitos con los que era muy fácil sentirse halagado. Cuando por fin quedaban medio adormilados…

La vela

No te preocupes hijo, podrá faltar la electricidad, podrá faltar la comida; los hombres podrán tornarse unos contra otros y la obscuridad podrá devorarlo todo cada noche fuera de nuestras puertas pero, aquí dentro, mientras siga encendido el pabilo de esa vela todo estará bien. Mientras el cordel siga cantando no habrá sombras estridentes debajo de tu cama ni monstruos hambrientos ocultos en el pasillo. No podrán los demonios abandonar su cárcel de fuego ni tendrán…

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