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Los ilustradores tuvieron primero una visión y tras estamparla en un canvas los escritores describieron la historia.

Magna

Ana camina entre la multitud enardecida hacia las puertas del Senado y, como si fuera una boda militar, todos le ceden el paso al darse cuenta de que el prometido de la novia es un bidón de gasolina. Ana llega al pie de las escaleras. Los protestantes madrugadores le dan espacio y se olvidan de parpadear. Ana se quita la ropa, la dobla, la deja en el cemento y se arrodilla sobre ella. Ana toma…

Puto

Puto era el nombre con el que lo conocían todos en el barrio, en la escuela e incluso entre sus familiares. No recordaba desde cuándo comenzaron a llamarle así, suponía que desde siempre. «Todos sabemos lo que eres. Eso es pecado. Te vas a ir al infierno. Encomiéndate a la Virgen de Guadalupe. Eso está en contra de la naturaleza. ¿Por qué no tienes dignidad? Vas a servir sólo para cortar el cabello y prostituirte.…

Olvídate de todo

«Lo primero que hay que hacer es dejarse de bobadas», me dijo mi madre cuando cumplí 7 años. «Olvídate de que las hadas existen, olvídate de que el ratón te trae dinero cuando se te caen los dientes, olvídate de Santa Claus, olvídate de todo.» Y sí, me olvidé de todo menos de las hadas, ellas me persiguen todo el tiempo, siempre que salgo a colgar la ropa están ahí, cuando abro la ventana para…

Compañía

Ahí está, detrás de ti. A veces salta por tu nuca al hombro y regresa para saber quién más te vigila. Camina a todas partes dentro de la bolsa del pantalón, junto a los mismos veinte pesos que tienes para todo el día y nunca te juzga por alimentarlo de esa manera. Al contrario, ahí está, siempre, en las piernas que batallan desde las 6 de la mañana hasta las 9 cuando los pies te…

Seducción involuntaria

Dicen que hay cierta hora —un momento entre la noche y la madrugada— en la que ella sale a las calles a peinar los edificios con su cabello. Cada una de las hebras que cubren su cabeza se extiende alrededor de las ventanas y, aunque es casi invisible, algo en la atmósfera la delata. Poco perceptible pero efectivo, ella logra un vínculo con lo material que te hace regresar a la ciudad.  El caos encuentra…

Desde algún lugar

Hablábamos de la historia, de culturas antiguas y del Dios todo poderoso. Recordábamos las sequías y las hambrunas. Nuestra conversación iba desde la niñez hasta los hijos y los amantes. Lucía aún conservaba su halo de luz de siempre, María, cabizbaja, dejaba correr las lágrimas por todo lo perdido. Andrea, con su lunar a la Irma Serrano, decía que no añoraba nada del pasado y, yo, como siempre, las criticaba a todas. Pero ninguna de…

Los Sincara y su paso desterrado por la tierra

Veníamos aquí todos muy contentos sin cara, sabiendo que nadie descubriría nuestra alegría porque no tenemos cara. Hace tiempo que la perdimos, ¿sabes? Entre perros, plásticos y bolsas de reciclaje. Todos quisimos hacer algo por el planeta alguna vez… cuando teníamos cara. Ahora solo vamos de lado a lado, porque no hay mucho por hacer. A veces las piernas abiertas sustituyen a la cara, como si la vagina fuera una cara o el pene una…

Primavera

Ha llegado la primavera. Es hora de tronar la espalda. Llueven las flores, se entrelazan, hacen giros; vienen a dar alegría sobre la tierra. Las piedras se levantan heridas a escupir de sus espíritus el azul del cielo. ¿Es posible ser discreto ante esto? ¿Mañana saldrá otro sol de turquesas? Nuevamente no hay nube alguna en todo el cielo redondo.

Todo le di

Se disolvieron los pies, pero no se derrumbó. Pronto siguieron las piernas tostadas y las flores ocultas del vientre, las caderas que alguna vez flotaron como lirios en la marea. Se disolvieron las manos y no quedó rastro discernible de los pechos ni los hombros. Se le fue nevando el corazón, pero no el deseo. Antes de que los ojos quemados atardecieran, tuvo la claridad de que en ese parpadeo comenzaba el pasado. O quizá…

Dejarme ir entre los vivos

Los sueños son la representación del deseo inconsciente, pero esto va más allá. Me pasa inevitablemente todos los días: sueño con ella y no la conozco de una sola forma sino de varias. Ella cambia. A veces es rubia o morena, a veces es gorda o delgada, a veces es animal o cosa, pero sobre todo, a veces es buena o mala. Últimamente he pensado que mis constantes sueños no son la representación de mis…

Karina Citadina

A la entrepierna de Karina la han llamado de mil formas. Detrás de un escritorio, entre filas de butacas, sobre inodoros públicos o en casi todos los medios de transporte, Karina ha logrado que las lenguas de sus amantes bajen y se estacionen unos momentos en aquella grieta siempre húmeda. Que huele a estrella, a pescado fresco, a cebolla o a tierra mexica son apenas unas cuantas de las descripciones recibidas. Y aunque —como decíamos—…

La pared sigue en pie

Me quité la camisa más temprano hoy. Sólo quería llegar a casa y empezar a descansar del maldito día, de sus estúpidas horas corriendo una tras otra. Todas ellas sin importancia. Sólo quería llegar a casa. El sillón no estaba en la sala y no sé por qué. Tampoco importa, yo ya estoy sin camisa en el centro del departamento. Siempre he querido tener un cuarto y ya, una cocina y un baño. No necesito…

El trabajo

Cuando se fue a vivir a aquella ciudad perdió la confianza en la gente: las mentiras eran más difíciles de detectar, las promesas rotas eran cosa de todos los días, las sonrisas parecían tan reales. Todo el que pudo le dio una puñalada por la espalda. Comenzó a odiar las calles, los rostros, las voces y los sonidos, las risas, el clima, la arquitectura y toda su supuestamente magnificente herencia histórica. Las pequeñas expresiones de cada…

Ciudad

Prisioneros ilusos de esta selva cotidiana: México. Clavamos las huellas quemadas del Cuauhtémoc no blanco sino negro que llevamos dentro. Y navegamos ciegos, sordos, sucios, pero satisfechos y seguros. Andamos y no andamos, avanzamos y no avanzamos, estamos y estaremos donde estuvimos tantos tiempos torturados. Y que viva México, así, sin los signos de admiración porque, ¿cuál admiración? Nos han borrado los sueños de la pizarra en nuestra memoria individual y colectiva. Y ¡que viva…

Bogotá

Imagino que el sol se está pudriendo dorado y silvestre arriba de nuestras cabezas, habla de mi interior mejor que cualquier brujo. Aterriza sobre los autos dibujando un corcel en la ventana. Ahora mi padre se levanta para seguir haciendo rico a los restauranteros, mi madre se quiebra de dolores entre Júpiter y Capricornio y mi hermana dibuja. Yo espero en Bogotá. No leo lo que escriben mis contemporáneos, están atrapados en un sexo que…

Mi tierra

Ésta eres tú, mi tierra. Eres lo último que me queda entre mis dos fronteras de cielo y de mar. Eres algunos árboles valientes que sobreviven en el cerro, eres las desesperadas huellas en los lodazales del verano y los nostálgicos colores de tus pueblos, ya ciudades. En ti siembro los últimos sueños del hombre, en ti dibujo las sombras que van quedando de todos aquellos atardeceres bañados de aire fresco. En ti añoro las…

Si lo sabes acomodar

En esta torre está tu abuela, tejiendo todavía esa bufanda que te prometió cuando tenías cuatro años y que ya de tan larga podría pender del techo de la casa y alcanzar el jardín allá abajo (¿lo ves?, porque yo no). Y acá la tía Erlinda, mírala con la tacita de té de manzanilla frío: tan atenta como siempre desde su ventana al reloj y la llegada de los vecinos, y las vecinas, y las…

Insuficiencia

Algo faltaba en su ventana. No, no eran las flores marchitas de la cuna de Moisés, tampoco eran las persianas. En su lugar habían retazos de telas y un mantel viejo y papel periódico pegados con cinta adhesiva. No eran los sillones arañados, sucios, deshilachados, comprados de segunda mano. Ni los cojines que no existían pero que algún día estarían ahí, esperando la hora de la siesta. No era el teléfono sin tono, ni las…

Chamán

Un chamán fuma una especie de pipa. Volutas pronunciadas y grises salen de ésta. El individuo levita sobre la ciudad. Por la espalda lleva una capa color granate bordada en oro; el capuchón termina en una batuta con la que dirige al viento. El hombre mantiene los ojos cerrados. En el antebrazo derecho lleva un tatuaje: es un coyote que aúlla con el hocico en dirección al cielo. Su rabo apunta hacia el norte meneándose…

Mujer metrópoli

Eran otros tiempos, o quizá fue que yo era otra; ser vivo entre los vivos, llama fatua queriendo vivir a costa de lo que fuera. Los días eran insuficientes, las noches demasiado cortas. Se trataba de nunca dormir para jamas tener que despertar. Vivir sin sosiego edificios y calles, en coche o en metro, llena de ebriedad, colmada de fiebre por andar sin fin: quería conocer todos los callejones, brincar de todas las ventanas. Subir…

Censura

Tráfico, edificios altísimos, smog y ese tono gris casi imperceptible pero inequívoco que caracteriza a las grandes urbes. Ahí estaba el hombre, a las afueras del metro y completamente desnudo. Los transeúntes lo miraban con los ojos agrandados por la sorpresa. Algunos autos se detenían porque no daban crédito a lo que sus ojos descubrían. El hombre parecía confundido, como si no se percatara de su situación. Los murmullos de las personas se sumaron a…

Cheche

Heriberto del Huerto Altamirano nació en un rancho y, desde que las primeras olas de Internet llegaron al pueblo, decidió largarse apenas le fuera posible a la Gran Ciudad, a vivir bajo noches iluminadas, tardes aglomeradas y moderneidad. De su vida austera no quería más que su desaparición. Cheche, como le decían por sus iniciales, llegó a su destino soñado a los 16 y, aunque se sintió como caviar recién empollado en un océano de…

Celestino Tipocholo observa la ciudad desde el cielo

Guáchate nomás cómo se topa el barrio desde arriba. A todo dar. Malo que no semos águilas para vidiar a las vecinas arreglarse, los oclayos aquí fallan. Chingos de tatsis ruleteando, pa’ ganarme la vida, yo mi ranfla no la trabajaba. ¿Se ve tantamadre desde aquí, veá? Si a mí me tocara organizarlos, me desentendía del desmadre. Porque ya lo dijo mi compadre, a estos borregos no hay quien los cambie. Toda la gente anda…

De nuevo

Piensa que debió haberse adueñado de la ciudad cuando tuvo la oportunidad, pero ahora ya es demasiado tarde. La ciudad flota a cientos de metros por encima del desierto y no hay manera de llegar a ella. Lo único que le queda en este momento es asumirse como parte de un mundo conformado por gente prescindible, marginados y olvidados que se ganaron su lugar en el destierro, un mundo en el que ella habrá de…

Los vieron caminar

Se entendieron en el primer instante, ese que pasa cuando los dedos se entrelazan. Se llenaron de ciudad en los labios. Se caminaron en los callejones. Se detuvieron de semáforos en los besos. Júpiter los alumbró con la velocidad de la luz de un poste. Les fue difícil reconocerse entre las estrellas veladas por el smog. No así las miradas, expandidas en sus centros de alumbrado público. La ciudad que los abrazó. Sus sonrisas.

Elusté Doyo

Elusté Doyo se encuentra cada día en el breve oleaje que le refleja desde el recipiente de ocasión. Contempla con afán los mares rojos, golfos amarillos y océanos traslúcidos cuyas mareas controla y absorbe como luna supernova. Las doctrinas filosóficas, sociales y antropológicas se fusionan en él. El tiempo pierde sus manecillas, la materialidad abraza el sinsentido y su humanidad retrocede unos quince mil años. Se convierte en Dios, se convierte en inmortal, alienígena, aborigen, estrella…

Pensándolo bien, mejor no

Oí gritos y a una persona toser a mi espalda. Perdí la cabeza; no quería morir ahogado por la multitud. Corrí todo lo que me dieron las piernas, jadeaba. Atravesé el lugar y me escondí en los baños. Quedaba todavía una bala en mi revólver. Recuperé el aliento. Reinaba un silencio extraordinario, como si los chillidos de esta sociedad convulsiva se callaran expresamente. Me puse el arma frente a los ojos, vi el agujero negro…

Soliloquio de un voyeur

No había cosa que deseara más que verla desnuda, pero no tenía idea de cómo pedírselo. Durante mucho tiempo traté de encontrar la manera en la que un tipo como yo pudiera acercársele con una petición como ésa sin ser rechazado al instante: no soy fotógrafo, ni pintor, tampoco tengo aptitudes para el dibujo ni interés alguno por hacer poemas; estoy completamente incapacitado para escribir una gran novela amorosa basada en su vida; nada tengo…

Alado deletéreo

Tara intentaba sonreír con la mejor de sus caras, estaba acostumbrada a fingir y las pastillas la ayudaban a que la realidad no se le notara. Esa mañana sintió ganas de cocinar tarta, de preparar café y de ver a los últimos amigos que le quedaban. Como siempre llegaron puntuales, como siempre le parecía insufrible la arrogancia de Indiana y el acartonamiento de Mac, como siempre le dijeron que se veía con una alegría renovada,…

Ciudad de Izamal

Orgulloso de sí mismo el ciego da una palmada violenta a la jaula de los pollos, suspira recordando los tiempos de su juventud. Afuera del autobús el sol desciende. A la distancia el color juega con los amarillos de la ciudad. Cuando Emilio nació su padre ya había conseguido lo que la gente llama «un buen puesto en el Gobierno del Estado», lo que hacía que Emilito considerase al Wal-Mart y al Chedraui como enormes…

Ella se llama Cuando

Cuando está recostada en la cama mirando a Milo, quien descansa boca arriba con los labios semiabiertos, la barbilla temblando imperceptiblemente al tiempo que su pecho y sus manos, una sobre su pequeña teta izquierda y la otra sosteniendo la mano de Cuando, se inflan. Cuando no se cansa de mirarla y recorre sus cejas pobladas reconociendo la perfecta depilación en su parte inferior, la más próxima a los párpados, pero no la de su…

Complemento

Seres aerobios y anaerobios con cara de cíclope y hasta de ninja. Lombrices que se arrastran sobre el limo fértil, ese que como pasajero nunca paga peaje a los ríos. Lluvia y helechos con sus esporas minúsculas vertiéndose sobre la tierra o arrastrados por el viento. Pólenes rojizos que promiscuos sorprenden el candor de las flores risueñas que, de buen humor, abren sus corolas al sol, pero que bajo los rayos de la luna se…

Humanos demasiado humanos

El fracaso del Proyecto Humanidad no sorprendió a nadie (de hecho todos lo esperaban) aunque de pronto se sintiera en el ambiente una fe incierta; dejo de ingenuidad necia y abatida. Se quería creer que en esta ocasión, quizá la idea se impondría a la realidad, que ahora sí sería posible, aun frente a la evidencia histórica de todo lo contrario, vivir como humanos conscientes más allá de la propia piel, del propio origen, del…

De los últimos días

Éstas son las últimas cosas –escribía ella–. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir su ritmo. —Paul Auster, El país de las últimas cosas La orden fue disparar. Enfocar a los cuatro vientos hasta verlos sangrar. Perforar cualquier insolente esquina y traspasar la…

Julio

Julio viajó en el tiempo. Encontró la manera de regresar a la época de su pubertad y conservar el conocimiento y experiencias que ya tenía, pero en su cuerpo pubertoso. Ahora sí podría impresionar a las chicas, parar al maestrito mamón, ser el líder de la bandita, tener mejores relaciones con su familia cercana y no tanto. Todo sería mejor, porque ya no era el mismo chico tímido que lo arruinó todo. Llegó al momento…

Vello Amor

A veces el amor es tan ágil que nubla los sueños de colores, desviste las pieles en trocitos-texturas de rojo y los calcetines cambian de forma a las dos de la mañana. Una habitación perfumada de sexo a las tres menos veinte es testigo del movimiento de caderas disléxicas que se frotan la espuma en sus cuerpos de estropajo. Gemidos tartamudos que se escapan por los muros llenos de verde limón, mientras los insectos deciden…

El amor en tiempos del messenger

Nadie sabe querer, porque no hay un método; nadie sabe querer, porque no hay formula; nadie sabe querer, porque no hay guión establecido; nadie sabe querer, porque no hay reglas. El amor, en su etapa contemporánea, pertenece a un ser Narciso. No queremos querer a otro; queremos que nos quieran porque más vale recibir que dar. Al amor lo ha consumido el ego. Lo ha devorado, lo ha absorbido un ente que piensa sólo en…

Jorge

Jorge Cemi estaba loco por su maestra de actuación de un taller de la prepa. Una mujer diez años mayor que él que, aún sin maquillaje, parecía una muñeca de porcelana. Ella lo vio al principio como una cosa muy tierna e inocente pero luego, poco a poco, encontró en él a un verdadero amigo. Le contaba todos sus problemas, sus amores y desamores. Él escuchaba. A cierta hora, al terminar su última clase de…

La furry girl

Queriendo devorar al mundo con los ojos pasamos la vida viendo todo, comiéndonos con la mirada cada rincón del planeta. Menos al cielo, a ese nunca lo observamos. Parece que imaginar mirar estrellas, y entre ellas viajar, es errar. Si no fuera por mi complejo de Diosa a mí tampoco me importaría mucho el delirio del sueño guajiro que representa el no ver lo que todos ven sino lo que yo misma deseo. Así entonces,…

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