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Shots de literatura ilustrada. De nosotros para ustedes, con amor.

Día a día

Sentado en el sofá observa el mundo añejo y destilado que se extiende 15 pisos por debajo y sobrepasa su tierra plana y sempiterna. Hundido en los cojines blandos y desteñidos ve a través del ventanal un atardecer sin nubes que baña de naranjas a los edificios derruidos retomados por la vegetación. Los pájaros atraviezan el firmamento, las cebras pastan en antiguas fuentes urbanas y, muy a lo lejos, un par de rinocerontes camina sin prisa alguna. Con un café…

Ante el banquete

Sé mi Salomé. Arrópame. Baila y bebe y susurra mi nombre mientras inscribo tu nombre en el nombre de todas las flores. Te daré todas las cabezas, te haré reina de mil coronas, tendrás caprichos que no han encontrado nido en corazón alguno, te daré sueños que un profeta no vislumbra. Te sentarás en éste, mi imperio; amasaré un pueblo que te adore a mis pies. Serás la espuma que nunca muere en la playa:…

El ladrón de palabras

Esto comienza una tarde de verano —llueve— y en mis adentros no tengo la más mínima idea de cómo comenzar este texto. Doy un sorbo al café caliente que hace las veces de inhibidor y las veces de estimulante; la verdad es que lo siento más como un amuleto, necesito verlo ahí, humeando sobre el escritorio para saber que estoy a punto de escribir algo interesante. Pero nada pasa. Echo un vistazo a todos los…

La mesa está puesta

Despiértame con tu indecisión. Soy nueva en esto, ¡maldita sea! Soy tú. Verás esa mirada en mis ojos; tal vez pienses que quedo fuera de lugar, pero mantengo mis cigarrillos cerca de mi corazón. No corro, no me escondo, sólo estoy muy ocupada secando mis lágrimas. Ahora pediré un deseo para estar donde tú estás, el único lugar a donde pertenezco. Una puerta abierta. Una gota de agua. O algo en lo que sabes que…

Los dos minutos

Se sienta siempre ahí, en el sillón rojo lejos de la ventana. Es el lugar más cálido de la casa. Ahí puede pensar mejor. Piensa en el día que tuvo y en el que tendrá mañana. Su tiempo está hecho de pensamientos y entre uno y otro de repente la mente se le escapa. Dos minutos de libertad, de pensar sin pensar. Es entonces una fuga, un movimiento súbito dentro de una armonía que brinca…

Animal

A lo lejos, cuan lejos puedan ver los ojos miopes de un hombre se distingue una explosión de flores y capullos alborotados que aunque tenues, a poco se concentre la atención, se van haciendo cada vez más contundentes, intensos en color pero menos decisivos en sus formas. Justo debajo de las narices del observador descuidado descansa un cuerpo sobre la hierba. Su respiración es corta y suave y apenas mueve a destiempo las hojas fantásticas…

Solar

Camino. Zancada a zancada desprendo el suelo bajo los talones. Desplanto sigo avanzo giro. No me muevo. Doy un paso y el mundo abre sus ojos. Es el mundo que gira bajo mis pies zancada a zancada. Es el mundo que se revela frente a mí y desaparece en cuanto despego las plantas del suelo. Es el mundo que se disuelve en el aire justo cuando lo dejo atrás. A mi espalda nada existe. Y…

El monte

Cano siempre fue un niño ensimismado y cabizbajo. Eran contadas las ocasiones en que salía a jugar con nosotros, eso es cierto. No pateaba el bote, ni se escondía. Jamás trató de atrapar un balón ni corrió al touchdown. Ni policía ni ladrón, Cano permanecía inmóvil en la calle mirándose los pies hasta que era hora de regresar a casa. De la nada, un día Cano nos pareció mucho más alto. Al día siguiente, parecía…

Contraste

Alicia, en su mansión, tomaba plácidamente el sol sobre una confortable tumbona. Sin molestarse siquiera en hablar, hizo un leve ademán con su mano y la muchacha del servicio se apresuró a llevarle su helada y refrescante bebida. Satisfecha de su placentero descanso, y después de varias horas, se dispuso a dar fin a éste y, apenas puso los pies en el suelo, la misma muchacha del servicio le acercó las sandalias y puso sobre…

Perro con collar de perlas

Supongo que aún te cuesta algo de trabajo caminar con esos tacones, pero te sienta muy bien la comodidad de ese collar de perlas. No me he acostumbrado a mirarte de frente, pero así es más fácil. Ahora podemos hacer todo eso que queríamos cuando sólo eras un ser humano común; podemos dejar los prejuicios y entendernos. Pienso que tardaste mucho en convertirte en ti. Te miro y te veo tan distinta, tan relajada, más…

Duerme

No abras los ojos si no quieres, no hay motivos para despertar. Parece que el mundo quiso jugar con tu suerte de niña buena. No abras los ojos, duerme la noche es dulce y te pertenece. La calma se niega a abandonar el nido donde tus sueños se juntaron con las estrellas. Desnuda te vas hundiendo en tu almohada de cabellos. No abras los ojos, duerme / y mientras duermes, las flores crecerán tranquilas allá…

Angustia

Se podría suponer por la posición del cuerpo de la mujer que admira el paisaje sobre el puente colgante, que una calma silenciosa la embarga, que una especie de felicidad se agita dentro de ella. Pero si el observador se detiene en su gesto pétreo descubriría lo contrario. Encontraría pues, que la mujer esta pudiera lanzarse hacia la masa de agua que se desliza hacia el Este de la ciudad, pues su mirada divaga más…

Imposibilidades biológicas

Se dice que revivir a los organismos muertos es una improbabilidad. No es que los humanos lo estemos, o al menos no clínicamente. Y si es que hay un impedimento de índole orgánico, nuestras extremidades superiores reaccionan con estímulos tecnológicos. Basta estar conectados a una red o mover los dedos en un teclado táctil para saber lo que sucede en el mundo. Solo hay que desplazar las noticias en la pantalla, hacia abajo, de manera infinita.…

La terrible y trágica pero a la vez cómica historia de un hombre incapaz de matar a su esposa

Nunca he estado feliz, nada me embona ni me acomoda. Aquella noche estaba triste, tan triste que todo a mi alrededor apestaba, las flores caían, el aire pesaba, la lluvia era caliente mientras un perro, observando mi tragedia, en lo alto de una casa se suicidaba. Caminaba y me repetía a mí mismo y decía: mí mismo, tienes que ser fuerte, valiente, aguerrido, porque ya has sido infeliz tantas veces que ahora no puedes escapar…

Buena estrella

Karina es una de esas personas que nació con estrella. Buena en todo lo que se proponía se constituyó como artista y diseñadora prominente a los 17 años. A los 25, tras seis años de haber perdido nueve de sus dedos en un accidente automovilístico, se anteponía de manera unánime a cualquier productor musical. No hay artista de renombre que no le haya escrito intentando trabajar con ella. La parotiditis que sufrió en Bostwana a…

Mareas

Te dormiste en tus laureles, Laura. Quisiste escapar de la ciudad, de tu cansancio, de la escuela y tus pendientes; de él (de su cariño y su abrazo, de su diligencia, de su tenerte en el centro de su atención, de su beso de pimienta cayena y clavo, de sus besos inquietos y sus manos incesantes y veloces, de su voz con sordina y de sílabas ahogadas), de todo el presente en clave futuro que…

Alondra

Recuerda bien, hija, le dijo un día su madre, los hijos tienen alas. Desde entonces supo que los hijos, hembras o machos, son pájaros. Son hijos pájaro. Al terminar sus tareas del día iba a esperar el atardecer al campo. Se acostaba boca arriba, viendo las nubes y sentía el viento despeinarla. Ese era su momento feliz: despeinarse de viento. Esa tarde estuvo ayudando en la cocina, rebanando papas, moviéndole a las ollas y probando…

La sed inextinguible de los extramuros

«Van ganando uno cero. »Mira negrito, definitivamente no hay lugar más cómodo en el cuerpo para sostener un cuchillo que entre las nalgas, eso es sabiduría popular glandular universitaria lo que sea, nadie lo pondrá en duda jamás mientras gire este planetica azul porque los sabios antiguos lo pronosticaban a diestra y enhiesta: estás en una situación de calor, la cuchilla afilada del cuchillo, la lámina sensual y alongada se resbalará por entre tus nalgas…

El peso del linaje

El infierno me parece un sitio digno de recordarse: sus interminables horizontes devoradores de luz, las hermosas cascadas de fuego, el río llameante en que se originan y los cálidos pozos de azufre donde desembocan, y el bosque de árboles calcinados que rodea al palacio de obsidiana y ónix donde habita el Rey de las Tinieblas son todos ellos lugares hermosos sin lugar a dudas. Incluso disfruté los inconsolables gritos de todas las almas que…

Elevación

Un instante en tu mano me bastó para reconocerte. Unos minutos en los que el frío se desvaneció y reconocí los síntomas del sosiego. Conocí la placidez de tu compañía en nuestras largas caminatas a casa y desoí a la impaciencia del tiempo cuando no tiene certeza de los días. Los años de saber de tu nombre se condensaron de repente. Un momento. El momento. Los días siguientes transformados en besos. He aprendido a desconocer…

Adios

Entonces quién o qué se mueve en todo este «final» si a la hoja seca por el suelo no la mueve el viento ni la mueve la muerte

El Dios de la peda

Hace tiempo que busco la manera de salir. De irme por entre las lineas de mi aliento loco, lento. Estoy hasta el fondo, nadando en el mar de mi más mala versión, componiendo mi vida etílica entre bailes e invocaciones demoniacas, llamando a la destrucción de mi sistema. Dejé de estar consciente, por lo menos, veinte horas al día. Y las otras cuatro duermo. Hay males que no se curan aunque se intente, y hay otros mundos, más bajos…

Contra tiempo

De un tiempo a la fecha, el árbol de la esquina crecía hacia fuera, sus raíces sobresalían de ras de piso. Muy por debajo de esa tierra y esa cuadra, las reminiscencias de la antigua Tenochtitlán brotaban entre una y otra grieta de concreto. Aún sin fuerza, esas aguas que lo rodeaban seguían buscando regresar a sus cauces. Árbol y lago se entrecruzan. El musgo crecía en las paredes del vecino. Todos los días casi…

Fábula de la huida

Creí que en mi cuerpo se sostenía. Creí que por una vez «vida en común» comportaba un significado. Creía que siempre estaría abrazada a mí. Y así fue nuestra vida durante el tiempo que fue. Con esta conversación más parca que aquélla, con esa mañana más rabiosa que la pasada. Con las estrecheces, la holgura; y de pronto, los abrazos ajenos. La vida que ronda sus ejes. Las cuerdas que orientan el camino. Siempre es…

Tensión

Una incógnita de motas luminosas, de gestos que descubren quién eres con lentitud, sin la prisa que lleva el presente. Ese es tu rostro. Al amanecer despierta incierto, inseguro, aleatorio e impreciso, borroso como el tiempo de tu ausencia. Pero hoy estás frente a mí, clavándome tus ojos planeta, sometiendo mi cuerpo a fuerzas opuestas, y lo atraes y lo alejas, lo abandonas en el frágil equilibrio de quien camina sobre una cuerda. Entonces me…

¿Qué hora es?

¿Qué hora es? Me pregunta el señor al lado mío. Las doce menos cuarto, le respondo. El señor parece un poco angustiado, lo sé porque se aprieta los nudillos de la mano constantemente y no deja de mover las piernas como si quisiera ir al baño. Yo miro por la ventanilla a la gente que espera amontonada para subirse a este monstruo de lata que apenas si puede arrastrar sus rueditas de caucho por una…

Frente a la puerta

La última vez que la vi estaba tocando el violonchelo, sus dedos se deslizaban por las cuerdas recogiendo la cosecha del sonido. Sus lentes, varoniles para lo redonda de su cara, me intrigaban. Seguro pensaba mil cosas todo el tiempo, entre los sueños, las preocupaciones y los planes. Todo eso desaparecía con la música: ahí era sólo ella, tocando, feliz. Todas las ideas volvían eventualmente. En especial las preocupaciones que la agobiaban al grado de…

Bye

Cristina se despide de todos a las tres y cuarto de la mañana. No quiso irse temprano con los «normales» pero tampoco quiere quedarse hasta la madrugada con los enfiestados. La puerta del antro se abre para que salga y se cierra detrás de ella dejándola prácticamente como única transeúnte en las calles de la trasnochada colonia Juárez. Emprende camino hacia su coche ubicado a escasa cuadra y media del lugar. Su falda, blusa, cartera…

Así cantaré alabanzas a tu nombre

Virginia escucha el maullido de un trueno disuelto a la distancia. Media hora, no más que eso; después tendrá que correr. Apura las diligencias de la tarde, se permite comprar una cerveza para terminar el día, acelera el paso porque ya las nubes ásperas se arrebolan sobre ella. Quizá lleguen todos, quizá sólo vengan los más queridos. Y la voz que susurre caribe, las caderas y su vida propia, los golpes de claves y timbales…

La incertidumbre del amor

El sol brillaba en todo su esplendor iluminando con sus rayos el jardín. El aire era caliente y los insectos zumbaban acompañando el cuadro más triste: aquél grupo de margaritas que lloraban desconsoladas mirando hacia la verde hierba. Sus lágrimas caían sobre su compañera degollada. Una margarita que recién había abierto sus pétalos miraba sin comprender. ̶ Pero… ¿qué le sucedió?   ̶ preguntó desconcertada. ̶ Nada en especial ̶ respondió una de las flores de…

Incertidumbre

No me digas que siempre eres el mismo. Que el mismo que despierta junto a las deudas es el mismo que se duerme con otras tantas. Es mentira que jures que ese mismo que mienta madres detrás del volante o junto a decenas de personas en el metro, no es otro más que el pinche bien portado que paga la cuenta, abre la puerta y hasta se aguanta los pedos. No me digas que no…

Eres

Tu mirada, horizonte de tierra encubierto, ínsula de la más aguerrida sequía y tú, un hombre tan solitario como lo es un desierto sin sol. Nuestro futuro entonces es incertidumbre que lo anega todo.

Acuarela materna

Hojas como pájaros acompasando la espera, llevo como pintura el viento en los pinceles dibujando la incertidumbre de tu rostro. Las pátinas del tiempo van creciéndome en el vientre y quiero adivinar la acuarela de tus ojos: los pasteles de tu piel, las témperas bordadas de tus labios… pero es imposible bosquejar el fresco del verbo que amamanta la expectativa y apenas se acerca al esbozado anhelo de una madre. Hojas como pájaros acompasando la…

Viejo espejo

La mano se manifestaba con cierta frecuencia y salía por su estómago, era extraño, estaba comiendo, en la mesa con sus padres, como siempre, y de repente sentía un aire frío en el estómago y veía la mano negra emergiendo lentamente. Parecía tener textura quebradiza, de lagarto sediento, pero cuando intentaba tocarla, o asirla, sus dedos no agarraban más que el aire. Y la mano señalaba, siempre al frente, y nadie más que ella veía…

Entre huecos

Se queda arrancada de tajo y en el suelo un hoyo donde tenía que estar ella sembrada. También había un hoyo en la pared, que nació de una pequeña fractura que se hizo un hueco porque le metía y le metía el dedo. Rascó la pintura, desmoronó el yeso y el concreto fue cediendo con el tiempo. Con el tiempo casi todo cede. Lo bueno del hoyo -lo mejor, de hecho-, es que dejaba entrar…

Lirio

En el agua clava su raíz donde el agua no toca su luz. La flor despunta con belleza y quietud y sobre el agua vive.

El lazo

El perro de mi vecino me parece un animal muy estúpido y, sin embargo, sumamente afortunado. Qué lugar común, lo sé. Pero esta sensación no tiene nada que ver con la originalidad o con la carencia de recursos que pueda tener, es otra cosa la que me preocupa: este animal de verdad es tremendamente estúpido e inmensamente afortunado, sin lugar a dudas: le está vedado el razonamiento que pueda ayudarle a resolver sus conflictos. Por…

Nada

Todo empezó con un pequeño moretón. La piel que cubría sus costillas se le hizo brillosa, tornasol, con pequeñas aberturas tipo branquias Eso fue un martes al regresar del acuario Llovía Él lloraba En su casa, el agua de la lluvia se metió por la grieta del techo La vida terrenal que hasta entonces conocía se transformó en un modo acuático. No hacía otra cosa más que evitar cualquier palabra, asociación o imagen que hiciera…

El péndulo

Después de la náusea vinieron los mini vómitos acompañados de una perpetua agonía en el estómago. La diarrea se había vuelto una constante, una compañera maloliente líquida y tibia que cada cuatro horas la agarraba con la arrogancia de un dios déspota y omnipresente (estés donde estés sentirás mi poder intestinal pequeña hembra humana insignificante) cuyas carcajadas eran flatulencias desesperadas que saldrían en aerosol al menor esfuerzo. El pelo, como las ratas, había decidido abandonar…

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