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De pelos y señales

Poco después de la consabida historia del caballero que la rescató y la torre, descubrió que su príncipe azul comenzaba a deslavarse un poco, incluso hubo momentos en los que lo descubrió rabo verde. Fue entonces cuando decidió dejarlo y romper con esa idea de que vivirían felices para siempre.

Así se enfrentó a nuevos problemas porque eso de que el cabello no dejara de crecer y crecer no era fácil; el estrés hacía que la atacara la orzuela y no encontraba tinte suficiente para hacerse las mechas californianas que tanto quería. Fue así que tuvo la brillante idea de aprovechar su problema para beneficio. Inició con  tratamientos de mayonesa, aceites y los clásicos reparadores de puntas, utilizó el acondicionador que prometía un cabello sedoso y desde luego aquellos que ayudaban a controlar la caída, que en su caso era un verdadero enredo.

Ya que el pelo recuperó la belleza natural se decidió a cortarlo y poner una fábrica de pelucas y bisoñés que fueron la sensación del reino. Venían alopécicos de todos lados a comprarlos por la enorme naturalidad con que se confeccionaban. Tal fue el éxito que incluso comenzó a hacer muñecos de felpa con cabello auténtico, que pronto fueron los preferidos de niños y algunos adultos medio desviados.

Ahora la princesa vive con comodidad y sin ningún apremio económico; piensa en extender sus dominios y su emporio, tanto que afuera de la vieja torre cuelga un letrero que dice “Estética Rapunzel, próxima apertura”.

 

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Escritor. Estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Obtuvo el premio José Emilio Pacheco, en el área de poesía, así como la beca Edmundo Valadés para publicaciones independientes, en 2004, 2005 y 2009. Actualmente es editor de la gaceta de literatura y gráfica Literal, y de sus distintas colecciones.
Diseñadora gráfica e ilustradora del instituto departamental de Bellas Artes de Cali, Colombia. Creo y dibujo cuanta cosa se me ocurre y aquí se las dejo esperando que las disfruten.
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