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De berrinches y antagonías

Chillan, gruñen, se toman cualquier leche rancia y asquerosa que sacan de cajones empolvados. Mueven las manos como si quisieran ser pájaros y se golpean como changos enojados. Pelan los dientes a cada rato. Se retan con miradas antagónicas y llenas de extrañas emociones. Alegría nerviosa, euforia contenida, empatía engañosa, amor triste…

Ahora parecen una jauría de hombres practicando una cacería entre juegos y mimos, pero son una manada de solitarios. Llegan solos y se tocan sin importarles la inmundicia que desprenden. Luego pasan horas enteras sin moverse, miran para todo lado sin siquiera notar el viento frío, el canario del vecino o los sonidos espectrales que arremeten desde la ventana. Nadie le gana al otro, nadie somete a ninguno, nadie manda y ninguno aparenta ser un alfa.

Y como llegan se van, uno por uno, restregándose los pechos y abandonando al dueño del lugar. Se van dejando un lugar apestado a hombres sedentarios cuya fuerza pareciera residir en la carne blanda de sus abdómenes.

A veces me gustaría que los humanos pudieran hablar, pero a veces creo que sería mejor que nunca aprendieran.

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Tras ganar su primer premio en efectivo, cambiarlo por brandy y cerveza y beberlos con sus rivales, descubrió su pasión por las letras y que la sopa en realidad sí es un buen alimento ...
Ilustrador. Lo que nos da la propiedad de reyes o reinas es la vida misma y el hecho de que la vivamos personal e individualmente aun cuando sabemos que somos parte de un todo, aun cuando en los momentos más oscuros nos consuele saber que nuestras oscuras preguntas estén en la mente / espíritu / alma / esencia de otros. Esa virtud innata de vivir es fuertemente enriquecida con la virtud de dar vida, de ser nosotros mismos canales para la creación de nuevos mundos que se impongan a la cuestionante y finita realidad. Es allí donde creo confluir con este proyecto de creación colectiva, donde los ríos se cruzan aumentando su caudal para simplemente seguir irrigando (sí, también, por qué no, hasta llegar al mar).

No pares, ¡sigue leyendo!

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