Escuchen hijos de puta, masturbadores, egocentristas, carentes de sexo y de moral, recicladores de esposas de medio uso, padres adoptivos del infierno personal ajeno aquí tienen a un hombre destrozado. Agusanado en la memoria del elefante, deteniendo el peso de su propia grasa en la punta de la aguja del señor. Estoy cansado de toda esta maniática idea del hogar, cápsula habitable y construida, (zorras, pornografía, sexo decepcionante y alimentos veganos) pos útero de materiales rocosos o maderables. Burbuja ácida donde con caos otros habito. Escuchad hijos de puta. Las minas saqueadas del corazón, el péndulo oscilante de mi hermosa cabezota, escuchen bastardos. Mostrarme el coñito, las dulces hebras de la toronja divina, mostradme el esqueleto, la sangre circulando por senos decapitados y la barba púbica del camaleón leopardo. Mete y saca, mete y saca. Jesús, he resistido, he llegado a los veinte, le he metido los cinco dedos de la mano al coñito de Andrea, he abierto la boca para recibir el semen de la luna por la carretera, el kilómetro donde se perdió la divinidad de mi madre. Escuchad sopas de pollo, las hemorragias de la esperanza vueltas ruido. He resistido los borrachos, las palizas, las humillaciones, el smog, los gemidos feministas, las orgías bestiales, el incesto. Escuchen hijos de puta, aventadme más, más leña para el joven encendido, más leña se los suplico, más matemáticas calientes. Aventadme más flores en el camino, en la cara, en la fiesta, aventadme más, más, más, más letras, pelanás. A gemir putas.
No pares, ¡sigue leyendo!
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