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Niños de medianoche

Busco mi espíritu entre los perros

A roja

Busco entre esa lluvia de pájaros una ciudad de plumas

O negra

Mi oído es el corazón del árbol

I azul

El árbol es la sonaja del viento

E  amarilla

Guardián de la selva estelar

Guardián del desierto sin ruidos

U violeta

A alta velocidad nube de gas y polvo

Vencido por animales Orbito   Siento

Plasmo

Canto que es luna camino de vuelta animal vencido a altas temperaturas

El vientre del cielo camina en un sol negro donde sólo es blanca la niebla

Cielo mudo

Cielo blanco que grita

Cielo sin color

Nunca hubo escaleras siempre fueron espirales sin brazos

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Cristian Celis
Me enseñaron a escribir y a contar desde los tres años con ayuda de naipes, corcholatas de colores y revistas de ciencia. Mi televisión (de esas grandotas de madera ) no se veía, así que tenía que imaginarme lo que sucedía adentro, ¡oh imaginación! La poesía es como un sol, adentro, único y salvado: respirar de sus manos amigas, como de pájaros azules que se vuelan por el cráneo, pisar el pasto seco y el aroma acuarela de los mercados, decir con sus jaulas las negras olas desnudas que me toman por el brazo; el sol ondula por encima, como un pálido disco blanco enjuagado. Cuando no trabajo en mi laboratorio me gusta salir a caminar mucho y visitar el océano, ¡ah! y los efectos psicodélicos de las guitarras jaguar. Me gustan las puertas viejas y vencidas, los paseos sin sentido y el viento en la cara cuando voy en moto. No me gusta cortarme el cabello.

No pares, ¡sigue leyendo!

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