Skip to content

Todo le di

Se disolvieron los pies, pero no se derrumbó. Pronto siguieron las piernas tostadas y las flores ocultas del vientre, las caderas que alguna vez flotaron como lirios en la marea. Se disolvieron las manos y no quedó rastro discernible de los pechos ni los hombros. Se le fue nevando el corazón, pero no el deseo.

Antes de que los ojos quemados atardecieran, tuvo la claridad de que en ese parpadeo comenzaba el pasado. O quizá el temor.

Escritor. Lugar común: perfil obsesivo compulsivo, pero es cierto y útil en producción editorial. Editor, traductor, corrector de estilo.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

La abducción

Ciudad

Los primeros testigos aseguraban haber mirado una luz que resplandecía tanto, que prácticamente hacía imposible ver algo más que la misma luz; en…

El último pendejo

Futuro

Desconozco órdenes establecidos De los tiempos presentes y pasados De un futuro mamado De la tierra sin tierra De la tierra con cables…

Vergüenza familiar

Vergüenza

I Mi padre nos mira un tanto avergonzado, como si le hubiéramos fallado todos y cada uno de nosotros cinco, sus hijos, sus…

Volver arriba