Skip to content

Amanecer de noviembre

La Torra despierta y siente sus brazos desnudos. Con lentitud extiende las manos y abre los dedos una y otra vez. La temperatura del cuarto es inferior a la del edredón que ahora descansa en el suelo.

Cuando al fin consigue un poco de calor, la Torra deja la cama y se acerca al balcón. Entonces descorre el cordón de la persiana. Inmediatamente el paisaje atraviesa el cristal y despliega su imagen enfrente de ella. Si la Torra tuviera que describir el cuadro diría algo más o menos así:

La lluvia abandona sus gotas sobre el suelo de nieve. Los árboles, troncos y zarzas permanecen estáticos, tiesos. Únicamente tiemblan las hojas; sacuden su piel del otoño que aún cuelga de ellas.

Puedo escuchar un breve aleteo y el ladrido de un perro lejano. Pero no hay ningún canto, ni un ave, tan sólo una bestia de hielo que agita su cuerpo en las ramas: es el corazón del invierno.

 

Loading
Escritora. Participa con sus letras en el proyecto Deletéreo.
Ilustradora. Experta en llegar a casa sin dobladillo, hacerla de pepenador y mantener todo en absoluto desorden. “La Muñeca” (mote familiar que ganó al nacer por su tamaño convenientemente particular), se inclina por las artes gracias a los monos de perfil con grandes narices de su padre y a la famosa “libreta roja” de recortes y canciones su madre. Su incapacidad de recrear lo real nace a partir del “Alacrán, cran, cran” cuando, en lugar de una imagen, su madre pega uno real… Hace ilustraciones para revistas, libros para niños y de vez en cuando una que otra escultura con chicle o tela.
Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Anzuelo recurrente

Primero fue la imagen

¿Qué tipo de marinero sería yo si aventara por la borda este trofeo? Quizás no es la mejor mujer del universo, pero mordió…

La muerte en pena

Pena

Estaba harta, cansada y muy triste. No quería que la vieran con miedo ni que le huyeran, quería tener amigos para platicar, pues…

Inundaciones claras

Espíritu

Mi aliento repta en tu vientre donde sólo habita tu presencia Mi boca escribe con otros labios el libro que leen tus ojos…

Volver arriba