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En lo hondo

Ahí los veía venir, ahí venían todos, todos esos recuerdos que se encontraban su escondrijo entre las manadas de tonterías del diario. Y ahí venían y los veía venir, apuntando justo a la frente, porque sabían que por ahí entraban y podían merodear hasta bajarle a los hombros y escurrírsele a la espalda y el pecho. Y ahí se quedaban hasta que le empañaban los pulmones. Ahí los guarda ahora Magdalenita, ahí los guarda, y no lo sabe.

Porque aquella muchachita le habrá quebrado hasta los huesos de tanto hacerla llorar y tanto dejarla sola, pero los recuerdos encontraron su camino y rellenaron las fisuras como cal finita. Ahora se hacen viejos y se resecan y se vuelven rencor, y entonces la muchachita se desdibuja, duele aquí y allá, cansa, pesa, pero también se endurece.

Esos huesos duros, los de Magdalenita, ahora se reconocen fácil: les saltan las cicatrices como peñascos en el monte. Ahí se les ve en ese lago de osamentas, junto a ese incendio horroroso. Esa es Magdalenita, nítida como ninguna, aunque comparta la poza con los demás descascarados.

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Escritor. Lugar común: perfil obsesivo compulsivo, pero es cierto y útil en producción editorial. Editor, traductor, corrector de estilo.
Ilustrador. Nací en la Ciudad de México el año del temblor: 1985. Soy diseñador gráfico egresado de la Facultad de Diseño de la Universidad Lasalle y de la Universidad Finis Terrae de Santiago de Chile. Soy ilustrador y diseñador de tiempo completo. He colaborado con numerosas editoriales y revistas. Me gusta experimentar con diferentes técnicas como el arte digital, la gráfica y la pintura. Me interesan temas como el rito en las ciudades, el cine, la música y la literatura.

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Parado en un mar de césped todo cobra vida, todo cobra muerte. Cada hoja, cada pétalo, cada piedra crece, madura, decae y expira…

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