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La reliquia

¿Y ahora qué? ¿Esta fui yo? Sí fuiste tú. ¿Sí? ¿Contenta? ¿Qué explicación? …cuando lleguen… ¡Madres! Desconociéndote a ti misma te has conocido un poco mejor. En el otro territorio, el que viene después de la transgresión. ¡Órale! Siento como si se me hubieran caído todas las flores del vientre. Y mi falda es muy chica para poder cubrirlas. ¿Qué?

Piensa, piensa. Lo primero es fingir tu inocencia, estudiando sus gestos para confundirte en su mímica de funeral. No te costará. ¿Miedo de qué? Todos te ven tan inocente… Pero nadie, quién se tragará el cuento de que fue un accidente.

¿Y quién dijo que eso te conviene, en primera? Tus pretextos… Si los accidentes no pasan así nada más, se cometen por descuidos, tonta. ¿Qué tienes en la cabeza?

…Si supieran… ¡Qué accidentes ni descuidos!… ¡Qué puntería, Dios mío!  Más que un florero, con esto has roto tus propios límites: has roto las perlas de tu inocencia antes de que se te hiciera tarde perderlas.

Perdón, pero tu perdón no necesito. Lo ínfimo de tu ser tantote afecta, además, que serías incapaz de dármelo. Creo que estoy aprendiendo cosas: Dios es indulgente con la gente no por misericordia, sino porque nada le cuesta. Su altura es la indiferencia. Así qué chiste, así cualquiera. ¿Sigues?

Tal frialdad, la verdad, no me la esperaba. Al fin y al cabo,¿no era esto lo quequerías? Pues, ahí lo tienes. El corazón no le echa más la culpa a nadie porque ya echó a la culpa de sí. Me encalillé: yo fui. Y no me puedo arrepentir. ¿Cómo?… Si con esto me libero a mí, a mi madre y a nuestra futura sangre. 

Escritor. Se dedica actualmente a hacer sándwiches con el cubre y porta objetos. En el laboratorio analiza muestras de su propia saliva para observar paisajes que luego describe literariamente.

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