Me acuerdo de mí. No es desde un paisaje que podría o no despertarme la nostalgia. Tampoco es el gastado recuerdo de una juventud pasada, ni los sueños tan deseados que, sólo por ser sueños, los deseaba. No viene, este hedor de mí, de ninguna coladera abierta que yo haya dejado destapada por descuido. No es este un momento reflexivo que haga recuento de las victorias para, al fin, sólo jactarme de las pérdidas. No son mis horas perdidas, ni las sobras de una vida en vías de caducar. No es una herida rencorosa por sanar. No es nada de mí esta cueva abierta que me lleva a mí.
No pares, ¡sigue leyendo!
In memoriam
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Vérte/bras
La primera decisión que tomó me sorprendió gratamente. La oreja. Recordé a Manuel Ignacio en el colegio cuando me lamió esa misma oreja…
Clamavi ad te
En torno, los árboles –formados en pelotón que perderá todas las batallas– se yerguen tejiendo un firmamento, uno que nos arropa. Bajo las…
Autocombustión
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