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Un soplo

Ya no recuerdo por qué suspiro, sólo sé que lo hago todo el tiempo, porque me enamoro, porque odio, porque no como o no duermo.

Suspiro porque suspiro.

Me llevo las manos a la cabeza y un pensamiento viene a mí… suspiro…

Suspiro porque no puedo hablar.

Es como si me tragara uno a uno los enojos, como si por cada uno que resbala por mi garganta se expulsara un grito mudo que no alcanzo a callar.

Suspiro porque se me acabó el espacio, se me fue la gana; suspiro la paciencia que alguien me robó, que no deseo.

Lo curioso es que estoy llena de suspiros: profundos, ahogados, perezosos, irritados, fatigados…

Suspiro y a veces creo que hasta lo hago de más, como si fuera una enfermedad.

Suspiro porque me he cansado de hacer todo lo demás.

Suspiro porque suspiro.

Suspiro por no llorar.

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Escritora. Bruja de oficio, cocinera de palabras por accidente. Cambio de color todo el tiempo porque no me gusta el gris, un poco sí el negro, pero nada como un puñado de crayolas para ponerle matiz al papel. A veces escribo porque no sé cómo más decir las cosas, a veces pinto porque no sé como escribir lo que estoy pensando, pero siempre o casi siempre me visto de algún modo especial para despistar al enemigo. Me gusta hablar y aunque no me gusta mucho la gente, siempre encuentro algún modo de pasar bien el tiempo rodeada de toda clase de especies. El trabajo me apasiona, los lápices de madera No. 2 también; conocer lugares me fascina y comer rico me pone muy feliz. Vivo de las palabras, del Internet y de levantarme todas las mañanas para seguir una rutina que espero algún día pueda romper para irme a vivir a la playa, tomar bloody marys con sombrillita y ponerme al sol hasta que me arda la conciencia. Por el momento vivo enamorada y no conozco otro lugar mejor. El latte caliente, una caja de camellos, una coca cola fría por la tarde, si se puede coca cola todo el día, y un beso antes de dormir son mi receta favorita para sonreír cuando incluso el color más brillante se ve gris. La Avinchuela mágica.
Ilustradora. Silvana Ávila, aka Miss Tutsi Pop, no es una cosa ni una categoría, al parecer es un verbo, un proceso en evolución, una función integral del universo.
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