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Amalgama

Lo que pasa cuando un cuerpo choca contra el piso árido del mundo: al estrellarse queda roto, esparcido.

Las dos partes más grandes tardaron algún tiempo en recuperar sus extremidades y, cuando lograron reintegrarse a sus estructuras óseas, se observaron y comprendieron las diferencias exteriores de sus propias naturalezas.

Mujer y gato acordaron la separación para tomar direcciones contrarias; pero al tiempo, la humana extrañó los instintos del animal y éste, la cavilación de ella. No se podía ser sin uno ni otro. La impulsividad siempre era saboteada por la reflexión lógica, primera inhibidora de las impresiones; la distancia-amor-distancia carecía de sentido ante el sujeto a confundir si no se había racionalizado con anterioridad el objetivo de llevarlo a ese estado. El felino y la mujer se necesitaban en una compleja relación simbiótica, o morirían.

Emprendieron su búsqueda.

Se supieron seguros cuando se encontraron, a lo lejos, desde sus propios bordes.

El fondo del precipicio reclamó sus cuerpos: los rompería de nuevo como todas las veces pasadas.

Lo desoyeron, como siempre, y corrieron a gran velocidad para tener un salto altísimo.

El tiempo les concedió unos instantes cuando los miró abrazarse, antes de la ineludible ley de la gravedad.

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Escritora. Cafeinómana, observadora, insomne. De ser trapecista caminaría todo el tiempo por las orillas.
Ilustradora. Erika Posada, aka e.M.a. Publicista, diseñadora gráfica, ilustradora, freelance, libra, adoradora del sol, amante empedernida de los felinos y adicta al sonido que genera el aplastar hojitas y vainas secas en la calle.

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