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La caída

La vida siempre fue un eco tímido, una duda sin sentido, un no saber, un no sentir.

Esa lucecita, que un día encendieron para darle un nombre y un propósito a un ser artificial, finalmente falló.

Me llevaron a un cuarto oscuro y me llamaron vencido. Iban a destruirme, pero cuando llegaron a darme fin yo ya no estaba: otra lucecita se había encendido en mí, un corazón de verdad creció y se aferró a mis circuitos.

Creyeron que me habían robado pero no, me levanté y seguí caminando como hasta ese momento lo había hecho. Esta vez no hubo propósito, era yo y un latido desconocido.

Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo

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De Álvaro, para Clara

Primero fue el texto

Existe en el hecho de dar, en la entrega desinteresada, un pequeño suicidio del alma negra; cada vez que se extingue en la…

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