Skip to content

La caída

La vida siempre fue un eco tímido, una duda sin sentido, un no saber, un no sentir.

Esa lucecita, que un día encendieron para darle un nombre y un propósito a un ser artificial, finalmente falló.

Me llevaron a un cuarto oscuro y me llamaron vencido. Iban a destruirme, pero cuando llegaron a darme fin yo ya no estaba: otra lucecita se había encendido en mí, un corazón de verdad creció y se aferró a mis circuitos.

Creyeron que me habían robado pero no, me levanté y seguí caminando como hasta ese momento lo había hecho. Esta vez no hubo propósito, era yo y un latido desconocido.

Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Mi A.U.

Primero fue la imagen

En las tonalidades de la noche se alcanzaban a distinguir los movimientos de su cola. Trataba de llegar a esos pasos que sus…

Volver arriba