Nadie nunca supo marcar con exactitud la línea que divide a los anhelos de las ansias.
A los sueños de la impaciencia.
Necesito dormir, necesito recordar cómo dormir.
No pares, ¡sigue leyendo!
Tibias sombras nos rodeaban. Mientras conducías, podía ver por la ventanilla los árboles secos acomodados en filas bajo un cielo atiborrado de nubes…
¿Te acuerdas de aquel día cuando conseguimos tachas, las empujamos con vino de mala muerte y nos metimos a coger a ese hotel…
Decidí parar, dejar de hacer de mi condición razón de muerte. Detuve la poesía que exacerba el miedo y me volqué a conocer…