Nadie nunca supo marcar con exactitud la línea que divide a los anhelos de las ansias.
A los sueños de la impaciencia.
Necesito dormir, necesito recordar cómo dormir.
No pares, ¡sigue leyendo!
Soy el acreedor del último suspiro de mi abuelo. En la habitación ronca, en la afónica penumbra, dos tías porcelanosas que olían a…