Nadie nunca supo marcar con exactitud la línea que divide a los anhelos de las ansias.
A los sueños de la impaciencia.
Necesito dormir, necesito recordar cómo dormir.
No pares, ¡sigue leyendo!
Cuando está recostada en la cama mirando a Milo, quien descansa boca arriba con los labios semiabiertos, la barbilla temblando imperceptiblemente al tiempo…
Poco quedaba por hacer, la ciudad era una ruina que dejaba testimonio de un esplendor lacerado. Sus habitantes preferían aquellos despojos de adobes,…
La vida siempre fue un eco tímido, una duda sin sentido, un no saber, un no sentir. Esa lucecita, que un día encendieron…