Nadie nunca supo marcar con exactitud la línea que divide a los anhelos de las ansias.
A los sueños de la impaciencia.
Necesito dormir, necesito recordar cómo dormir.
No pares, ¡sigue leyendo!
Esto comienza una tarde de verano —llueve— y en mis adentros no tengo la más mínima idea de cómo comenzar este texto. Doy…
Desde la silla te miro, sigues húmeda. Tomo la toalla para secarte y pienso que soy yo esa tela que te acaricia. Mis…
La reina muda, prisionera de su agonía, lenguas y gargantas coleccionaba para ver si de este modo el silencio podía romper. Su aullido…