La carnada estaba ahí esperando. Colgando de un hilito cualquiera, uno que encontró en la caja de costura. Un pobre hilo sin personalidad dándoselas de sedal. Pero estaba tendido. Tan sensible como ala de mosca, ahí puestito para que cualquiera se prendiera de él. Ahí, solito, hilito, esperando. La trampa estaba en que parecía una buena idea. Una buena idea que merecía ser pensada una y otra vez. Darle vueltas, darle forma, darle una revolcada que le dejara inmaculada. Idea inmaculada como virgen, como virgen en su santuario. Intacta entre todas las formas que le pasaron encima. Idea una y otra vez pensada. Idea encarnación de sí misma. Idea ideada. Idea ideal. Idea idea. Idea. Idea. Idea. Ideaeaeaea. Aedi. Aeid. Daei. Eida. Edia. Idea una y otra vez.
Ruth Brenes
Escritora. Mar de nervios en esta carne contrahecha. Sentir, sentir, sentir. Y de ahí pensar. Y así decir. Y en todo eso vivir. Vivo colgada de la parte baja de la J en la palabra ojalá.
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