El monstruo devorador de ciudades despertaba cada mil años y se tardaba otros mil en devorarlas por completo. No era grande, era del tamaño de una partícula, con flagelos largos como hilos de pensamiento borrosos que abarcaban las fronteras. Estaba más hecho de desidia que de costumbre y no le gustaban los días fríos o lluviosos, ni las despedidas.
No pares, ¡sigue leyendo!
Escala en la nada
Estás esperando un avión que te llevará de vuelta a casa. Sabes que tienes que regresar pero no quieres hacerlo. Tomas el siguiente…
Aquí yo, allá ¿quién?
Te despiertas, abres los ojos, ves la almohada de al lado estrujada y contemplas el vacío con la mente en blanco. Estás solo…
Sapo verde tu yu
A. K. hace lo mismo en cada uno de sus cumpleaños desde que tenía veintidós. Se levanta con todo el ánimo del mundo…




