El monstruo devorador de ciudades despertaba cada mil años y se tardaba otros mil en devorarlas por completo. No era grande, era del tamaño de una partícula, con flagelos largos como hilos de pensamiento borrosos que abarcaban las fronteras. Estaba más hecho de desidia que de costumbre y no le gustaban los días fríos o lluviosos, ni las despedidas.
No pares, ¡sigue leyendo!
Caída libre
A veces en la noche cuando todos duermen y me siento solo, prendo la luz para que me acompañe mi sombra. Entonces me…
Sobreviviente
No entiendo por qué te alteraste tanto. Ya sé que no era la primera vez que me advertías pero ¿qué querías que hiciera?…
Lo relativo
Afuera está la señora que empuja su carrito hecho de tambos oxidados. Acumula, como todos los días, las hojas de ese árbol, el…




