Permítanme un homenaje a los embajadores del espasmo, a los que recuerdan a dios en lo más profundo del pecado, a las que saben un poquito a moneda y a los que amansan yeguas a totazos de cadera; un sincero homenaje a las sacerdotisas húmedas y a los músculos pubococcígeos, alabemos oh dios a los que no se cansan de tener las manos ahí, a los que gozan del evangelio inguinal y fracturan sus columnas vertebrales enroscados como anacondas en un chapaleo a galope agreste en medio de la maldita selva, quitémonos por favor el sombrero ante la grandilocuencia salivosa, ante la mafia seminal y la uretra urticante y pongámonos de rodillas, estimados amigos, para rendirle culto a los que socavan estómagos, a los que pulen hemisferios y fragmentan carnitas para ionizarse, sacudirse, naufragarse, irrumpirse, defenestrarse cabalgando en espejo, bien sea en las noches húmedas o en las tardes lúbricas, y bendigamos por siempre, oh hermanos míos, a los discípulos incondicionales de la baba.
No pares, ¡sigue leyendo!
La dejada
Ahí la llevamos, joven, ¿qué más? Empiezo a las 5 de la mañana y a veces regreso a las 10 a la casa…
El pollo
La casona era hermosa. La luz de la luna entraba profusa a través de los ventanales, alumbrando la olorosa duela de pino, logrando…
La era del hidrógeno
Me cagan las tardes como hoy Que llueve y llueve con su chipi chipi Como la lógica de la vida Que te jode…




