Tengo tu rostro tan cerca. Tan cerca que tu aliento entra en mi nariz. Yo miro hacia arriba, sólo está tu cara llenando mis ojos. Esta mirada está hecha de tenerte tan cerca. La calma, dicen, es el ojo del huracán. Y ahí estamos provocándolo. Estos cuerpos que se sofocan, que se entretienen, que se estrujan y que son ojo de agua en una, dos, tres, cuatro, cuántas contorsiones. Yo voy y vengo. Contigo. Tú vienes y vas y vienes. Conmigo. En un preciso arrebato estamos hechos de caricias. Estamos hechos de charcos. Tengo tus ojos sobre mí. Soy el camino que la palma de tu mano recorre. Y en ese alboroto de manos, de pies, de caderas que condensan todo lo que un cuerpo puede ser, nos sobreviene un silencio absoluto. Nuestros nombres se cruzan y rompen todo. La calma se colapsa sobre sí misma como un vidrio estrellado. Es el ojo del huracán.
Ruth Brenes
Escritora. Mar de nervios en esta carne contrahecha. Sentir, sentir, sentir. Y de ahí pensar. Y así decir. Y en todo eso vivir. Vivo colgada de la parte baja de la J en la palabra ojalá.
Ofelia y Josefina
La arena del gato, pensó. Sólo eso se le ocurría y de alguna forma era lo más simple. Estaba aturdida, la vida era…
Cogido por el sedal
Las palabras te crecían como el cabello. Podía ver cada hilo brillando de elocuencia, tejiendo esa red armónica en la que yo caía…
La muerte silenciosa
Se los he advertido mil veces y mil me han ignorado. Sí, yo hice lo mismo cuando me lo dijeron la primera vez…




