Tengo tu rostro tan cerca. Tan cerca que tu aliento entra en mi nariz. Yo miro hacia arriba, sólo está tu cara llenando mis ojos. Esta mirada está hecha de tenerte tan cerca. La calma, dicen, es el ojo del huracán. Y ahí estamos provocándolo. Estos cuerpos que se sofocan, que se entretienen, que se estrujan y que son ojo de agua en una, dos, tres, cuatro, cuántas contorsiones. Yo voy y vengo. Contigo. Tú vienes y vas y vienes. Conmigo. En un preciso arrebato estamos hechos de caricias. Estamos hechos de charcos. Tengo tus ojos sobre mí. Soy el camino que la palma de tu mano recorre. Y en ese alboroto de manos, de pies, de caderas que condensan todo lo que un cuerpo puede ser, nos sobreviene un silencio absoluto. Nuestros nombres se cruzan y rompen todo. La calma se colapsa sobre sí misma como un vidrio estrellado. Es el ojo del huracán.
No pares, ¡sigue leyendo!
Complemento
Seres aerobios y anaerobios con cara de cíclope y hasta de ninja. Lombrices que se arrastran sobre el limo fértil, ese que como…
Partículas de ausencias
En realidad, eso que llamamos vacío no existe. Todo se encuentra invadido por pequeñas partículas como protones, neutrones, electrones, bosones de Higss y…
¡Grrrrr!
No juegues a ser monstruo, no te queda ese color. Si supiera que puedes asustarme con tus artimañas habría comprado un escudo protector…




