Cuando se va tu mejor amigo, la soledad invade los rincones marcados de la silenciosa casa. No hay ni quién te cuide, ni quién te chille. A veces hace falta alguien con quién hablar y que sólo te escuche, sin aconsejarte nada, tragarse tus penas. Hay quien dice que Dios jadea cuando una mascota muere porque, los amores caninos, son perros de cuidar cuando no sabes ladrónde se han ido. Y perra es la soledad pero, más perro el que la aguanta. El camino fácil sería sustituirlo, cambiarlo por otro pinche mono y ponerle el mismo nombre pero no, tampoco tengo tan poca madre. Ya se lo llevó la chingada y, la chingada, es un lugar muy amplio donde abundan otros como él. Que por allá se quede esperándome a que llegue del trabajo a descansar.
No pares, ¡sigue leyendo!
Un narrador en su lecho de muerte
Quienes tuvieron la fortuna de conocerlo, recuerdan cada una de las extrañas historias de su repertorio, aun cuando nunca las creyeron: la ocasión…
Un caso peculiar
En la Historia natural del Hombre-lobo de Kiesklowski consta, entre muchas otras igualmente curiosas, la historia de un licántropo moderno parcialmente domesticado por…




