Cuando se va tu mejor amigo, la soledad invade los rincones marcados de la silenciosa casa. No hay ni quién te cuide, ni quién te chille. A veces hace falta alguien con quién hablar y que sólo te escuche, sin aconsejarte nada, tragarse tus penas. Hay quien dice que Dios jadea cuando una mascota muere porque, los amores caninos, son perros de cuidar cuando no sabes ladrónde se han ido. Y perra es la soledad pero, más perro el que la aguanta. El camino fácil sería sustituirlo, cambiarlo por otro pinche mono y ponerle el mismo nombre pero no, tampoco tengo tan poca madre. Ya se lo llevó la chingada y, la chingada, es un lugar muy amplio donde abundan otros como él. Que por allá se quede esperándome a que llegue del trabajo a descansar.
No pares, ¡sigue leyendo!
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Hijo mío, madre mía
Cuando vi que mamá había descubierto lo que había hecho agaché la mirada. Ver su cara de desilusión y la negación que hizo…
Escalada libre
Las veces que estuvimos en las profundidades, en el silencio de las paredes frías. Las noches que estrellamos los gritos en cal hasta…




