Skip to content

Fugas

Imposible tener el tiempo entre manos. Corre como un río. Los antiguos intentaron apresarlo, pero las clepsidras no eran más que una fugaz ilusión. Al final del día, volvía a correr el agua –esa imagen del tiempo– y el contenedor se quedaba vacío. Era preciso volver a llenarlo, a sabiendas de que la prisión quedaría desolada en el sueño.

Antes de dormir, en el silencio de la noche, el ritmo se vuelve más insistente: late una música continua. Pero llega el momento en que cesa de sonar, cuando los ojos se cierran. En el sueño despierta el desierto, esos jeroglíficos de viento y arena que hablan despreciando el gobierno del tiempo.

Viento y arena en el desierto. Destinos ingobernables, rebeldes irredentos. Jerarcas absolutos de la muerte inevitable, en cuya correspondencia no aguarda nada comprensible. Se ha querido encarcelar el tiempo entre cristales y volver visible su paso para imponerle medidas, mas siempre desobediente se escurre.

También los relojes padecen taquicardias. Un desfase infinito que teje desencuentros. Los rostros de agua y arena pasan, mueren lentamente frente al espejo, y los mecanismos de precisión se oxidan y desgastan. ¿Dónde se esconden esos segundos que el ladrón roba al adelantarse impunemente, apresurado por dar la hora?

 

Texto de Sirocco

Ilustración de Srita. Cobra

Primero fue El texto
Tema: Control

Más textos de este tema:

Volver arriba