Su dulzura estaba extendida ante mí, una palma de mano abierta. Me subí de inmediato. ¿Qué había que pensar? Siempre me ha gustado lo dulce. Y ese olor, tan familiar. El humo es una cosa dulce y caprichosa. Se mueve lento y rápido a la vez. Nada lo detiene, hasta que se desvanece en el aire. Pero para entonces ya está en mis pulmones y ahí vive. Dulce humo. Mi madre era dulce. Rodeada de humo iba con prisa por los cuartos de la casa. Abriendo cajones. Colgando el teléfono. Enojada y sonriendo. Se acercaba a mí con el cigarro en la mano y me acariciaba la cabeza. Me dejaba despeinado y feliz. La casa olía a pizza y a humo. Diferentes humos, unos más suaves que otros. La veía con el ceño fruncido esperar junto a la ventana, mordiéndose las uñas. Y el cigarro en la mano. Luego tocaban el timbre una sola vez, corta y seca. Cada vez me parecía que ese sonido no sucedía; nunca vi a nadie al otro lado de la puerta. Pero ella sonreía, encendía un nuevo cigarro y la casa, entre humos, recibía su risa.
Ruth Brenes
Escritora. Mar de nervios en esta carne contrahecha. Sentir, sentir, sentir. Y de ahí pensar. Y así decir. Y en todo eso vivir. Vivo colgada de la parte baja de la J en la palabra ojalá.
Pocas semanas después
Éramos amigos, la complicidad nos fue acercando cada vez más hasta que ya no hubo retorno. Valeria llegó a mi casa pocas semanas…
Baldío
Lo incierto. Quizás no regrese de Baldío. Meses atrás. Aguardó a que su mujer durmiera para tomar la mochila que preparó con prisa…
Declaración de otra víctima de la Ciudad Monstruo
La ciudad es un monstruo traicionero, te dice que te ama y nunca vuelve a llamar. Te dice que te odia con una…
La parca soledad
Que tus ojos fallen bajo el peso de mis manos. Que mi nombre te haga estallar la lengua, que tu sexo húmedo de…




