Que tus ojos fallen bajo el peso de mis manos.
Que mi nombre te haga estallar la lengua, que tu sexo húmedo de miedo me recuerde.
Que revientes de frío.
Que una sombra te ampute el día que viene.
No pares, ¡sigue leyendo!
No logró volver, creyó que su cabeza era fuerte y que nada podía dividirla. Olvidó que era un hombre, uno más entre millones…
Los filos que colorean mi mundo, mujer, son los que destiñen tus mejillas, tus párpados y la arruguitas de tu cuello. -No te…
Desde la silla te miro, sigues húmeda. Tomo la toalla para secarte y pienso que soy yo esa tela que te acaricia. Mis…