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Inundaciones claras

Mi aliento repta en tu vientre donde sólo habita tu presencia

Mi boca escribe
con otros labios
el libro que leen tus ojos

Trigo encendido
que nos mira

Sueño de animal salvaje
poblando su piel
con las estrellas

Frases manchadas de humedad
proyectan
a esta mesa oscura
una ventana de trescientos metros

Una letra enorme
petrificando la habitación
con su grito
Nudo que abre sus alas
donde el agua
es una sombra del silencio

¿A qué sueñan los animales salvajes?
¿Con poblar su piel
con las estrellas?

No estoy en ninguna parte
Me repito
Advierto
tus deformaciones voluntarias
tu principio religioso

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Cristian Celis
Me enseñaron a escribir y a contar desde los tres años con ayuda de naipes, corcholatas de colores y revistas de ciencia. Mi televisión (de esas grandotas de madera ) no se veía, así que tenía que imaginarme lo que sucedía adentro, ¡oh imaginación! La poesía es como un sol, adentro, único y salvado: respirar de sus manos amigas, como de pájaros azules que se vuelan por el cráneo, pisar el pasto seco y el aroma acuarela de los mercados, decir con sus jaulas las negras olas desnudas que me toman por el brazo; el sol ondula por encima, como un pálido disco blanco enjuagado. Cuando no trabajo en mi laboratorio me gusta salir a caminar mucho y visitar el océano, ¡ah! y los efectos psicodélicos de las guitarras jaguar. Me gustan las puertas viejas y vencidas, los paseos sin sentido y el viento en la cara cuando voy en moto. No me gusta cortarme el cabello.
Ilustrador. De manera que el único remedio, en espera de que llegue el asalto final, es volver la mirada a lo extraordinario, lo único que todavía nos puede salvar. –Walter Benjamin

No pares, ¡sigue leyendo!

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