Skip to content

Las ajenas

Tú que te crees el más intelectual de tu círculo de amigos. Ese que no se fija en las banalidades del cuerpo humano pero que, por cada morra que mira, sus pensamientos más prosaicos arman la frase de batalla ¡Chichis pa’ la banda, chichis pa’ la banda! en lo que busca una frase llena de datos basura para llamar su atención, como si le dieran más puntos para intercambiarlos por inmortalidad.

Tú y tu persistente y ridícula manera de ver en la vida cotidiana un cuadro surrealista rematando con un «por eso amo mi país».

Tú que te armas de valor para acercarte a las morras en el bar de moda diciendo que tu biorritmo y la luna han sincronizado ese momento en el que se cruza tu lado romántico con el lado más enigmático y sexy que un hombre puede tener.

Dicen que tus manitas se convierten en tentáculos y que termina por ganarte la emoción; que te creíste y creaste la imagen de súper ponedor pero que tú no das para eso si no para echarse a llorar. Por eso tu apodo. Por eso y por tu falta de improvisación. Ni tu ensayada posición de flor de loto te salva de las malas lenguas. Vas en pique hacia el valle de los lamentos.

Tejiste tantas frases rebuscadas que ahora te ahorcan, te ahogan. Hilitos coloridos que sólo resaltan tu boca carente de argumentos.

Tus compas dicen que terminas haciendo lo que el Deibid te dice, que no eres capaz de tomar una decisión por tu propia cuenta, que eres más miedoso que el concepto niñagritaalverunaarañacerca. No te juzgo pero es momento de releer tu vida y editarla un poco, sin darle importancia a tu vaso de leche ni a tu pijamita a rayas.

Escritora. Escribe para no olvidar(se). Escribe recordando que las letras divagan entre libros e imágenes, por eso se apresura a aprehenderlas. Escribe porque le atraen los instantes. Escribe porque le desespera esperar. Escribe aunque su letra sea todo menos bonita.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Carta hallada en el domicilio Real Jardín, número 14, Puebla de los Ángeles

Pena

Me apena mucho dirigirme a usted por medio de esta carta, esta declaración que nace de la necesidad de contarle lo que siento. Yo, que poco sé de cómo hablarle a una mujer de su condición, tan elegante y fina pero principalmente tan hermosa. Sé que en el momento en que reciba estas palabras, sentirá que de nada valen los intentos que desde el mes de mayo he realizado para poder platicar con usted. Pensará también que aquella tarde junto al portón de Morelos nada representó para mí y que mi vida ha sido la misma. Y no la culpo, pues mi cobardía de buscar los medios para acercarme a usted muestran indiferencia y no son dignos de un hombre.

Un poco más

Shots

Subí montañas, crucé océanos y conquisté las cavernas más profundas. Nadé en tinacos llenos de billetes de alta denominación y cedí todo a…

Volver arriba