Misi no tenía brazos. Tampoco tenía piernas. Era una hermosa niña de nueve años y ochenta centímetros de largo cuando se recostaba, o de poco más de setenta de alto cuando tomaba asiento. Como muchas otras personas en su condición, comía helado cada vez que alguien podía dárselo en la boca, porque no le gustaba ensuciarse la cara comiendo a solas. No hay mucho más que contar sobre ella, salvo, quizá, esa ocasión en que le regalaron unos globos por su cumpleaños y no pudo agarrarlos. Ese día se enojó mucho. Pero por lo regular era una niña feliz. Sí, cada que podía, Misi era una niña feliz.
No pares, ¡sigue leyendo!
Velocidad de la luz
Poco a poco, con el amanecer, la luz se cuela por la persiana revelando la habitación en penumbras. Lentamente se desliza mostrando la…
Vacío
De pronto Yo se cansó de pelear lugar, de vivir sin gloria, sin oficio claro. De existir dudando, siempre en busca de una…
No somos nada
Estas últimas semanas he estado redescubriendo a Tons on Tails, se han convertido en mi grupo favorito del momento. Recordaba un par de…
Bye
Cristina se despide de todos a las tres y cuarto de la mañana. No quiso irse temprano con los «normales» pero tampoco quiere…



