Saltear al contenido principal

Mar adentro en mis ojos

Toco la puerta. Hace frío en mis manos entumidas y las palabras no dichas tuercen mi lengua. Aún de noche, llueve en mis cachetes pegajosos y mi cara, sartén de pasadas cachetadas, evapora tempestades. Nadie abre. La media Luna me recuerda las veces que mintió porque no sé si se burla o sonríe. Toco la puerta. Mi corazón recorre realidades alternas donde vivimos felices para siempre, pero mi mente las devora con razón. No puedo vivir preso de tanto; preso de los celos, de ti, de tus mañas, de tu fuerza, de tus ultrajes, de tus manías y de tu amor. Dejar un vicio es perderse de nuevo en uno mismo y reconocerse libre. Hace falta mucho Raúl —me recuerda mi voz interior— para haber conquistado tierras y luego quemarlas, pero hace falta más para haber amado y luego apartarse. Abres la puerta.

Loading
Soñador. Escritor con los ojos abiertos. Mirada en la espalda. Aprendió a vivir las calles, los buenos tacos y el sudor de las mujeres. México es un puñal clavado en su espalda.
Ilustrador. Soñó que se caía, pero se agarró de un lápiz.
Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Confiando en el etéreo

Confianza

La página web era lo único que le quedaba al escritor, pero nadie lo sabía y ese era el problema: ya nada lo…

Con todo el amor de mi hemisferio derecho

Aparato

¿Me amarías tanto hasta que se te duerman las manos y sientas que no volverás a sentir nada más que no sea mi…

Volver arriba