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Mi A.U.

En las tonalidades de la noche se alcanzaban a distinguir los movimientos de su cola.

Trataba de llegar a esos pasos que sus garras detectaban. Eran ellos, los que almacenaban semillas. Y con ello aparecieron los roedores.

Poco a poco se acostumbraba a la calidez humana. Y también a sus prejuicios.

Calamidad y veneración en un solo cuerpo peludo.

Su disfrute no está sólo en comerlo, sino en seducirlo y sin pensarlo, agarrarlo.

Tuvieron que pasar siglos enteros para que un felino se tomara el tiempo de contemplar la belleza de la fauna acuática.

Escritora. Escribe para no olvidar(se). Escribe recordando que las letras divagan entre libros e imágenes, por eso se apresura a aprehenderlas. Escribe porque le atraen los instantes. Escribe porque le desespera esperar. Escribe aunque su letra sea todo menos bonita.

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