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Eco

Toda esta soledad es mía,
el eco de la habitación me pertenece,
ya he mojado mis palabras con tinta permanente
y en la noche me cuelgo de la luna ausente,
para que no llegue el día
con la ausencia tuya que amanece.

Toda esta soledad es mía
toda esta soledad
es mía
mía
mía.

 

 

Lleguemos a un acuerdo, tú me lees, yo te escribo.

«Había noches en que todo el mundo estaba como esperando algo y yo me sentía como un nómada fracasado, de esos que van a todas partes sin llegar a ningún lado.»

Escribo «adios» sin acento para que no suene a despedida.

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Las bajas obsesiones bullen en bajo. Hierven con la paciencia del universo a través de eones para luego estallar en cataclismos, sismos, explosiones,…

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