Skip to content

Nada que entregar

Ahora que mi madre ha muerto recuerdo sus ojos, su mirada triste cuando me veía arreglarme para salir. Sin poder hacer nada me decía:

― Cuídate.

— Sí mamá, me cuido.

— El corazón, cuídate el corazón. Siempre lo llevas en la mano para entregarlo a ciegas.

—Sí mamá. Tú siempre tan dramática.

En su tumba ahora crecen los cardos y la hierbabuena. En las tardes le ha dado a un cardenal por irse a posar sobre su lápida. Me hubiera gustado enterrarla con mi corazón pero, entre lágrimas de sangre, ese se me perdió, quedó tirado en la esquina del lugar más lúgubre entre escupitajos y semen rancio, entre orines y vómito. Sí, ese mi corazón que mi madre hubiera querido guardar en caja de cristal. Ese corazón que regalé a la oscuridad y que ahora seguro se pudre en un basurero.

Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

EY!

Desafío

Hemos venido a afligirnos. Cuando el sol florece, cuando no se nubla la vista y todos los arboles sonríen. A preguntarse por qué…

La pared sigue en pie

Ciudad

Me quité la camisa más temprano hoy. Sólo quería llegar a casa y empezar a descansar del maldito día, de sus estúpidas horas…

Los matices de la pena

Error

Amanece en color sentencia de muerte: oliendo a madre agonizante de aflicción y familia y amigos avergonzados. Quedó por ahí, una noche rancia…

Volver arriba