Saltear al contenido principal

Nada que entregar

Ahora que mi madre ha muerto recuerdo sus ojos, su mirada triste cuando me veía arreglarme para salir. Sin poder hacer nada me decía:

― Cuídate.

— Sí mamá, me cuido.

— El corazón, cuídate el corazón. Siempre lo llevas en la mano para entregarlo a ciegas.

—Sí mamá. Tú siempre tan dramática.

En su tumba ahora crecen los cardos y la hierbabuena. En las tardes le ha dado a un cardenal por irse a posar sobre su lápida. Me hubiera gustado enterrarla con mi corazón pero, entre lágrimas de sangre, ese se me perdió, quedó tirado en la esquina del lugar más lúgubre entre escupitajos y semen rancio, entre orines y vómito. Sí, ese mi corazón que mi madre hubiera querido guardar en caja de cristal. Ese corazón que regalé a la oscuridad y que ahora seguro se pudre en un basurero.

Avatar
Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo
Su semblanza - Sus shots -
John Marceline
Diseñador / ilustrador / animador / teatrera / mesera y lo que venga.
Su semblanza - Sus shots -
Avatar
Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo
Su semblanza - Sus shots -
John Marceline
Diseñador / ilustrador / animador / teatrera / mesera y lo que venga.
Su semblanza - Sus shots -

Más shots para el sediento:

0
Dulces Sueños

Dulces sueños

Me bañas con canciones de cuna y nunca me siento sola. ¿Qué clase de hechizo has lanzado sobre mí? Me…

0
Dos Ciudades

Dos ciudades

El DF no es una ciudad hoguera, aunque por las noches se alumbre a sí misma con la refulgente cualidad…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba