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No somos hombre ni animales

No somos hombres ni animales,
no se podría decir que nos defendemos.
El valor del hombre no es demasiado firme
cuando no sabe dónde está el mismo,
ni dónde está su corazón.

Yo me río y miro igualmente
las cosas buenas y las cosas malas.
La noche que fue ayer fue de la magia,
disfrutamos como niños del viento fresco
que trae la noche después de los días de verano.
Así de humildes nos hemos vuelto.
Ya podemos regresar a casa.

¡Nosotros no sabremos nunca tantas cosas!
Ni por qué nos preguntamos tanto por nosotros mismos.

Estamos aquí bajo orden, como muchos otros aquí en la tierra.
Sólo es eterno el fuego que nos mira y
qué es eso que llaman eternidad.
¡No es acaso la distancia entre mi puño y la tierra!

No somos hombre ni animales,
no se podría decir que nos defendemos.

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Cristian Celis
Me enseñaron a escribir y a contar desde los tres años con ayuda de naipes, corcholatas de colores y revistas de ciencia. Mi televisión (de esas grandotas de madera ) no se veía, así que tenía que imaginarme lo que sucedía adentro, ¡oh imaginación! La poesía es como un sol, adentro, único y salvado: respirar de sus manos amigas, como de pájaros azules que se vuelan por el cráneo, pisar el pasto seco y el aroma acuarela de los mercados, decir con sus jaulas las negras olas desnudas que me toman por el brazo; el sol ondula por encima, como un pálido disco blanco enjuagado. Cuando no trabajo en mi laboratorio me gusta salir a caminar mucho y visitar el océano, ¡ah! y los efectos psicodélicos de las guitarras jaguar. Me gustan las puertas viejas y vencidas, los paseos sin sentido y el viento en la cara cuando voy en moto. No me gusta cortarme el cabello.
Escritor/Ilustrador. Diseñador gráfico alma vendida, hedonista de bolsillo vacío, activista de la pereza y los vicios solitarios, nacido en tierra de nadie Santiago de Cali, prosperó en la vida alegre y fue criado en modo experimental, casi como un hámster de ritmos tropicales, con la ternura y los dientes necesarios para dar un par de puñaladas de cariño y el justo pelito afelpado de la embriaguez. Cree que el juicio es una trampa, la cerveza es una dicha y el humor confunde al tiempo; cree que el dinero es para los amigos, los genitales para el viento tibio y un vaso de licor con hielos para mantener el equilibrio en cualquier ocasión que valga la pena. Dibuja desde siempre, con disciplina de borracho -tinta y mugre- y nunca termina nada, no sabe de finales ni de principios ni de la ciencia exacta del éxito. Pero sabe caminar por ahí, encontrando compinches que han iluminado las vueltas de su vida, y le escuchan sus teorías de viejo impertinente, iconoclasta y prostático, a cambio del poco tiempo que nos queda. Amén.

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