Skip to content

Permanencia involuntaria

No es una cuestión de luces, la ciudad habla de sombras antes y después del atardecer.

Extasiada se libera de su humo a medida que llega la noche, justo cuando los autos van y no regresan.

Sueños verticales se dibujan en el horizonte, falos de concreto que tratan de penetrar los cielos invadidos de ceniza sobre una ciudad que cuando duerme me recuerda un suicidio colectivo o un poema escrito en una hoja negra.

Del mañana poco se sabe, a mitad de la avenida un semáforo intermitente nos advierte que el tiempo no es más que un gotero de fantasía que va a toda velocidad sobre el asfalto.

En algún otro lugar la sombra de un indigente se alarga y se esconde debajo de un puente sin darse cuenta de que amanece y de que otro mundo está a punto de despertar.

Mientras, los insomnes nos acompañamos en silencio esperando que el cansancio nos consuma.

Lleguemos a un acuerdo, tú me lees, yo te escribo.

«Había noches en que todo el mundo estaba como esperando algo y yo me sentía como un nómada fracasado, de esos que van a todas partes sin llegar a ningún lado.»

Escribo «adios» sin acento para que no suene a despedida.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

From dog to god

Incertidumbre

Cuando se va tu mejor amigo, la soledad invade los rincones marcados de la silenciosa casa. No hay ni quién te cuide, ni…

Corderito

Grasa

Regresó a la cocina. Sobre la mesa, las piezas de carne descansaban dispuestas, sin gritos ya. Mojó la piedra para afilar el mondador,…

Volver arriba