Skip to content

Perverso

Yo sabía del malestar de la conciencia, de ser en la oscuridad descubierto. Lo que no esperaba, lo que no conocía era la propia pena de ser ingenuo, casi estúpido. Y no era que fuera bueno o no, sino más bien cobarde, pusilánime. Vergüenza era lo que sentía, pero vergüenza por no poder empuñar la espada, jalar el gatillo, morder, matar; mentir sin culpa, sin remordimiento; siempre incapaz de ignorar a los otros. No soy un sobreviviente, soy un buen hombre, pero impotente frente a la rapacidad necesaria para defender y luchar lo mío. Por eso prefiero la soledad, el encierro y la cueva.

Mi nombre es Rémora y camino con la cabeza agachada, nací culpable de todo y de nada, sufriente por todos y por nadie.

Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

El Frankenstein del romance

Primero fue la imagen

Puedo vivir sin corazón si te lo doy porque estamos conectados. Y si mis ojos te los pudiera dar, también. Vería todo desde…

Volver arriba