La casa quedó cerrada por dentro. Poco antes de prenderle fuego, Jonás sintió la respiración de María en su espalda; el pequeño aliento con el que vislumbró, lleno de alegría, que faltaba muy poco para estar con ella en el lecho de su descanso, en esa pequeña cajita que la guardaba.
No pares, ¡sigue leyendo!
LOBO
Los ojos amarillos se envuelven en agua, se esquivan alrededor de lunas que acarician con garras de hombres ahorcados que se incendian, se…
La postal
—Por eso guardamos todas sus cosas —me dice tu madre. Aunque llora, se le ve tan calmada… Qué ganas de preguntarle por qué…
Los dos minutos
Se sienta siempre ahí, en el sillón rojo lejos de la ventana. Es el lugar más cálido de la casa. Ahí puede pensar…




