La casa quedó cerrada por dentro. Poco antes de prenderle fuego, Jonás sintió la respiración de María en su espalda; el pequeño aliento con el que vislumbró, lleno de alegría, que faltaba muy poco para estar con ella en el lecho de su descanso, en esa pequeña cajita que la guardaba.
No pares, ¡sigue leyendo!
El anhelador
Sé que te pone la mano en la cintura cuando te besa. Por ahora. En dos días la tendrás en tus nalgas todo…
Caleidoscopía
¿Que si duele despertar? Yo no lo sé... yo ya estoy muerto. Lo supe desde aquel día en que me vi al espejo;…
Amar al mar
Llegó el día en que, después de casi cinco años, nos volveríamos a encontrar. Abordé el avión vuelo vespertino para mirarte desde el…
De escurridores y seca-mentes
Una cazuela y cuatro vasos con sus respectivos platos que aún faltan por lavar. También cuatro tenedores, tres cucharas y un cuchillo ya…




