La casa quedó cerrada por dentro. Poco antes de prenderle fuego, Jonás sintió la respiración de María en su espalda; el pequeño aliento con el que vislumbró, lleno de alegría, que faltaba muy poco para estar con ella en el lecho de su descanso, en esa pequeña cajita que la guardaba.
No pares, ¡sigue leyendo!
El día que la fatalidad nos congeló
Aquella vez estábamos sentados en la escalera y por la ventana entraba un chiflón que nos hizo abrazarnos para no sentir frío, pues…
A Kassandra
Kiosko atravesado por la lluvia, así eres: silencio de colores en una jaula de viento, silbas y los astros detienen su danza únicamente…
Después del apocalipsis
Fue como despertar a una larga muerte. Las noches marcaban con silencio el eclipse próximo en el que todo sería cubierto. El tiempo…




