Skip to content

Todo

Parado en un mar de césped todo cobra vida, todo cobra muerte. Cada hoja, cada pétalo, cada piedra crece, madura, decae y expira en menos de un segundo. La vista es un cuadro de Van Gogh en continua agitación: perpetuo y sin tiempo. Hilos de color intenso van de cada lado a todos lados; todo respira, todo vibra, todo late.

Cada uno de sus amigos son una docena de capas superpuestas que se intercambian incesantes: juventud, frescura, canas, calaveras, vacío, decadencia, sabiduría, estupidez…

Ve a su mujer, ve todos sus defectos, todas sus bellezas. La ve lozana y decadente, la ve plena y destrozada. Llora por su total hermosura, llora porque la pierde, llora porque la recupera.

Hace a un lado todas las convenciones y sin métrica, relojes ni direcciones se siente por primera vez en la mitad de todo. En la mitad de nada. Asimila la razón humana, la inevitable búsqueda para explicar lo que siente. Viaja por la curiosidad del científico, del ingeniero, del músico y el artista por explicar lo que ve. Intuye la extensión del universo: un punto sin horas ni dimensiones que se regenera constantemente. Adopta el destino y abraza la percepción del instante. Vive mil existencias en mil mundos diferentes que son el mismo.

Comprende la lógica de su diatriba mental. Nada existe, es imposible que haya algo y, por eso, todo es posible.

Un millón de años después, con el cuello tenso y la cabeza humeante, cae fulminado en su cama. Mañana debe trabajar.

Tras ganar su primer premio en efectivo, cambiarlo por brandy y cerveza y beberlos con sus rivales, descubrió su pasión por las letras y que la sopa en realidad sí es un buen alimento ...

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Regalo de cumpleaños

Primero fue la imagen

Ese desgraciado me ha engañado como a una niña, uno más que resulta casado. Voy a beber un buen trago y tomaré un…

Carta hallada en el domicilio Real Jardín, número 14, Puebla de los Ángeles

Pena

Me apena mucho dirigirme a usted por medio de esta carta, esta declaración que nace de la necesidad de contarle lo que siento. Yo, que poco sé de cómo hablarle a una mujer de su condición, tan elegante y fina pero principalmente tan hermosa. Sé que en el momento en que reciba estas palabras, sentirá que de nada valen los intentos que desde el mes de mayo he realizado para poder platicar con usted. Pensará también que aquella tarde junto al portón de Morelos nada representó para mí y que mi vida ha sido la misma. Y no la culpo, pues mi cobardía de buscar los medios para acercarme a usted muestran indiferencia y no son dignos de un hombre.

Volver arriba