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Tres

Voy a darte en estos momentos la charla que mi padre nunca tuvo conmigo. Un consejo que no es consejo, una realidad tan obscura como fantástica. Es tanto crisis como oportunidad.

Tú no eres una, ni eres dos. Eres tres. Eres la que estuvo, la que está y la que será.

En cualquier aspecto que pienses estás dividida en tres partes: mente, alma y cuerpo; joven, adulta y anciana; buena, mala y neutral; recuerdo, vivencia y anhelo; frustración, resignación y esperanza; nacimiento, existencia y muerte.

Incluso tu vida se dividirá en tres: el tiempo en que mirarás al horizonte, descuidando el camino a tus pies y perdiendo el equilibrio por la piedra que tu mirada en alto no pudo ver. El tiempo en que te enfocarás en el camino, cuidando cada paso, analizando cada hueco y cada piedra hasta encontrarte perdida en una carretera eterna sin un lugar al cual llegar y el tiempo en que plantarás un ojo en el camino y otro en el horizonte hasta extraviar la mirada y sentirte a la deriva entre el estar y el ir.

Tus tres partes hablarán sin parar. Callarás a una o a otra, pero volverán hablando y gritando con más fuerza y entonces serás incapaz de silenciarlas. Así que este consejo que no es consejo no sirve para nada más que para adelantarte un poco la lucha que te espera. No contra la soledad, la sociedad, tu carrera, tu espiritualidad o tu capacidad de amar, sino contra ti misma. Tu vida será una pelea de box sin campana ni intermedios.

Este consejo -que no consejo- sólo sirve para que sepas que tanto tú como yo como tu mamá somos tres. Todos son tres. Entre antes lo entiendas, entre antes aceptes que nadie es es sólo «alguien», más fácil te será vivir.

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