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En el mundo, las manos…

Tiene el mundo en sus manos. Todo a su alcance. Ellas son el negativo para cualquier textura, en su epidermis se imprimen todos los detalles y se graba el secreto más recóndito de los contactos: los laberintos ásperos, plenos de bruma, se transforman en tersos cristales.

Dice el vidente, al que sigo todo el día desde mi ventana y que suspira cada mañana con el amanecer, que la ceguera es un problema para aquellos que creen que ven, que se consideran sanos de cataratas y glaucomas.

En realidad, la caricia de la luz destella y despierta los ojos desde adentro. Sólo entonces las sombras responden y el mundo habla. No es el ojo una mano que va hacia el mundo para apresarlo; es la luz que nos golpea la emulsión que desvela y hace trazos en el cristalino. Nuestros ojos son un desierto de arena, es preciso que algo venga hacia ellos y los acaricie, es preciso que alguien los camine.

Las sombras hablan a pesar de la aspereza.

Sólo ve quien no teme la noche de los párpados.

Texturas de luces y sombras

igual

hacen

huellas.

 

Texto de Sirocco

Ilustración de Abraham Ponce

Primero fue El texto
Tema: Suave

Texto de Sirocco

Ilustración de Abraham Ponce

Primero fue El texto
Tema: Suave
Y vivir así para siempre
La lámpara
La lámpara

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