Skip to content

Los amores de María

De la estación al aeropuerto había que recorrer 3.5 kilómetros, mismos que existen, si se pudieran medir los sentimientos en una cinta graduada con las divisiones métricas, para llegar al corazón de María.

Para ella, atravesar junto a un hombre esos tres punto cinco kilómetros eran la máxima prueba de amor. Al amor, dice, se le entra por un costado. Luego hay que recorrer un pasillo largo para llegar a las gradas. Allí uno se sienta a esperar, aunque no mucho, porque cada tres o cuatro minutos pasa un avión. Si se tiene paciencia, dice María mientras sus ojos recorren un horizonte invisible y, a decir por el movimiento que hacen sus pupilas, sinuoso, él se acercará e intentará besarte. Entonces y si es el bueno, asegura María, sucede: no hay ruido ni gente ni coches ni aviones ni nada. Sólo existen tus labios y los de él, afirma mientras sus ojos se pierden en el ventilador metálico de una turbina.

Escritora. Participa con sus letras en el proyecto Deletéreo.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Las batallas

Infancia

Solía tener la carcajada ágil; aunque reservado, solía ser un niño alegre, el raro que prefería dibujar a jugar futbol. Inventé diez o…

En la mitad de la plaza

Confianza

En la mitad de la plaza de una ciudad que parece desierto, se despierta con un niño en el regazo. Hace un esfuerzo…

Volver arriba