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A a mi inanición

Me vuelves a buscar con tu paso rápido, hablando rápido, respirando rápido, pidiéndome vernos rápido. Y yo sonrío. No soy un hombre veloz, mejor dicho, soy de pasos lentamente aburridos. Porque qué caso tiene vernos y decirnos, sin sentirnos, que la vida es un instante fugaz y que si no lo hacemos ahora no lo haremos nunca. Calma. No me gustan las prisas, qué carajo son las prisas, quién las inventó, quién dijo que el tiempo se te va acabando si no aprovechas oportunidades. Puras mamadas. El único trago que tomaré rápidamente en mi vida es la muerte. Porque el día que me esté llevado la chingada me vas a entender, y vas a decir con voz de pendeja moribunda, «hijo mano cuánta razón tenía aquel cabrón».  Morir no es un proceso rápido, es lento como despertar, y así deberíamos amar. Amar a morir, o morir amando, como tú quieras. Ojalá ya no me vuelvas a molestar, déjame, déjame pero déjame en serio hacerme pendejo, como tú dices, las veces que sean necesarias. ¿Ya estuvo suave no? Tranquilízate, respira hondo, cuenta hasta diez, piensa claro y, si aún después de eso me quieres mandar directito a la gaver, pues dale que aquí te aguanto.

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Soñador. Escritor con los ojos abiertos. Mirada en la espalda. Aprendió a vivir las calles, los buenos tacos y el sudor de las mujeres. México es un puñal clavado en su espalda.
Soy grafitero, autodidacta. Empecé a pintar hace aproximadamente 4 años de manera ilegal, para luego enfocarme en pintar de manera un poco más elaborada. También fui buscando algunas alternativas nuevas hasta llegar a la ilustración digital. Mi trabajo está basado en lo místico y religioso, en dualidades y deidades. Técnicamente me gustan las cosas mixtas y poder jugar con varias herramientas en un solo proyecto, pero sólo me gusta si es análogo. En mi trabajo digital me gusta usar únicamente la computadora, sin ninguna técnica extra.
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Estéril de pensamientos me encuentro aquí sumergida en el vacío de una arquitectura diseñada para almas muertas. Respiro entre mis coágulos de sombra…

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