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Abre la puerta, Barba Azul

La proliferación microbiana de los cuerpos se manifestó en cuanto el oxígeno se agotó en la habitación de la puerta más pesada. Cuando olfateó la pestilencia, no recordaba siquiera el número exacto de los restos que yacían ahí, olvidados. Introdujo la llave en el cerrojo, la giró dos veces y abrió lo vedado sin tomar precauciones: los vapores del metano, el amoníaco y el ácido sulfhídrico taladraron su nariz.

Ahí estaba, con la descomposición de todos los años y los meses pasados enredados en la barba. En el silencio de la penumbra una voz le susurró todos sus crímenes.

El lugar: la fosa común de lo que alguna vez en su vida fue platónico, inconcluso, apasionado o idealista. No podía respirar por los nombres acumulados en su tráquea, y la ceguera temporal le negó lo que hubo alguna vez.

Los rostros desfigurados por el tiempo le hincharon los labios, antes rojos, ahora azules.
Trepanaron su memoria en un instante.
Los vomitó.
Ya no debía quedar nada.

La vacuidad de las paredes le oprimió el pecho.
Se convirtió en un cadáver más para los organismos anaeróbicos.

Y la vida continuó desmemoriada de él.

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Escritora. Cafeinómana, observadora, insomne. De ser trapecista caminaría todo el tiempo por las orillas.
Escritor/Ilustrador. Diseñador gráfico alma vendida, hedonista de bolsillo vacío, activista de la pereza y los vicios solitarios, nacido en tierra de nadie Santiago de Cali, prosperó en la vida alegre y fue criado en modo experimental, casi como un hámster de ritmos tropicales, con la ternura y los dientes necesarios para dar un par de puñaladas de cariño y el justo pelito afelpado de la embriaguez. Cree que el juicio es una trampa, la cerveza es una dicha y el humor confunde al tiempo; cree que el dinero es para los amigos, los genitales para el viento tibio y un vaso de licor con hielos para mantener el equilibrio en cualquier ocasión que valga la pena. Dibuja desde siempre, con disciplina de borracho -tinta y mugre- y nunca termina nada, no sabe de finales ni de principios ni de la ciencia exacta del éxito. Pero sabe caminar por ahí, encontrando compinches que han iluminado las vueltas de su vida, y le escuchan sus teorías de viejo impertinente, iconoclasta y prostático, a cambio del poco tiempo que nos queda. Amén.

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