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Acceso

El cielo fracturado
presagio, de vendaval.

Refluyen, intensidades
concentraciones
a un cuerpo constelado
precipitado, de emociones.

Cromografía vertiginosa
saturación, que mata
de contrastes que inundan
ojos
aromas
huelen, contradicción.

Este punto, reventado
de límites
muerde sus ojos
arranca sus orejas
corta sus manos
grita
gime                   la náusea.
llora

Marea de color
erupción de sensación
explosión colérica
una gota de conciencia
embestida por el día segador
se derrama en el lienzo de su recuerdo
amorfa sin confines.

 

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Sirocco
Escritor. Sirocco es una agitación, un temblor, viene del desierto y de la mar. Susurra su camino al oído de la arena, allí deja su huella y presagia vida, pues en su camino respira el agua y le regala oleaje. Sirocco es movimiento, grito del silencio, fértil aridez que acoge las voces de todo, animado con su aliento. Así la tinta, como Sirocco en la arena, deja rastro. Sirocco un viento marino que escribe en el papel de las aguas, revela los trazos de la vitalidad, esa sorpresa del ojo ante el resplandor del rayo que penetra la espesura de la tormenta de arena; recuerda que hay que respirar, detenerse, ver y sentir, para seguir… Con la tinta, el barco ancla, se detiene en la mar, y llega a la luz el fondo; a veces, el surco sacude como un temblor y con la fuerza de un naufragio lleva a profundidades oscuras, donde habitan desconocidos seres marinos, terribles e inmemoriales. Sirocco es un nombre para la escritura de agua y arena, un nombre para ese rumor de trazos, en el sendero de la ventisca; Ella es un modo de conciencia, un caudal de sensación que se hace imagen. Por Él, ese viento del desierto, la arena se humedece de sal y la tierra transfigura semillas: magia alquímica, de metamorfosis y transmutaciones.
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