desato mis manos. retiro de mis ojos la avalancha. cava mis venas el pulso del cansancio.
beso el exilio. es el maullido de las sombras quien me abraza.
me arrojo al lote de olvido. me regalo la delirada quietud de los barrancos.
No pares, ¡sigue leyendo!
La cosa con romper en llanto no es llorar, sino que todo lo que eres, lo que piensas, lo que sientes, la piel…