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Caminamos al fuego

La señal de prohibición tan clara en un lugar tan público. Prohibido fumar. En ella leo todas las prohibiciones contra el fuego:

No abraces. No acerques el aliento al cristal. No tocar.

No frotes tus manos. No desafíes al frío. No le sonrías al extraño. No des los buenos días, menos las buenas noches.

No mires al vagabundo. No simpatices con los niños de la calle. No sonrías.

No camines de noche. No mires la luna. No pongas la cara hacia el sol.

No abras los brazos, menos las piernas. No rías a carcajadas. No tiendas el ombligo a la vista de otro cuerpo. No tengas calor. No sudes. No suspires. No jales aire. No te quedes demasiado tiempo. No te vayas demasiado pronto.

No rompas. No zurzas. No repares. No abras. No beses. No mires. No oigas. No bailes. No cuerpo. No sangre. No manos. No tocar. No fumar. No tocar.

Le doy la espalda al letrero; en mi mano el cigarro espera.

 

Escritora. Mar de nervios en esta carne contrahecha. Sentir, sentir, sentir. Y de ahí pensar. Y así decir. Y en todo eso vivir. Vivo colgada de la parte baja de la J en la palabra ojalá.

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