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Celestino Tipocholo observa la ciudad desde el cielo

Guáchate nomás cómo se topa el barrio desde arriba. A todo dar. Malo que no semos águilas para vidiar a las vecinas arreglarse, los oclayos aquí fallan. Chingos de tatsis ruleteando, pa’ ganarme la vida, yo mi ranfla no la trabajaba. ¿Se ve tantamadre desde aquí, veá? Si a mí me tocara organizarlos, me desentendía del desmadre. Porque ya lo dijo mi compadre, a estos borregos no hay quien los cambie. Toda la gente anda de aquí pa’llá en el güiri güiri. Que sí, que no, que chinga tu madre, que chingues la tuya, y que me dice, y que le digo, y que me dice: dice no dice, es puro chisme dice, ni les des viada. Cábrones sestos, no les para el hocico. Y es que osease, sistá padre pero guachándolos de uno en uno, ya en bola de pedo sacan. Luego quesque el gobierno ha arreglado y dejado bien bonito pero ni es cierto, pura farsa, desde aquí se mira clarito que está culero pues. El pavimento y todo. Eso sí no huele feo el ambiente como según rumoran, a mí rico se me hizo. Y pues ya, yo ya me borro, pinche bola de sanababichis se lo lavan. Atentamente Dios.

Soñador. Escritor con los ojos abiertos. Mirada en la espalda. Aprendió a vivir las calles, los buenos tacos y el sudor de las mujeres. México es un puñal clavado en su espalda.

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Faustino se fue, lejos, allá donde el flagelo mental de remanentes siderales. Ninguno de sus interlocutores le siguió el paso. Sólo se dejó…

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