Skip to content

Cliché

Ellos son una pareja normal, sadomasoquista como la mayoría.

Ella, de familia machista, con papá y hermanos abusivos, conoció el placer de dispararle a los ratones, de rociar gatos con gasolina, de cortarle las alas a las palomas. Comparte el gusto de una buena pelea, de arreglar las cosas a golpes, de salir triunfante con una mano rota si el otro no puede pararse. Ella, la sádica, grita groserías, añora carne caliente entre sus dientes y se anota un punto cuando su contrincante llora.

Él, con una mamá divorciada y pasivo-agresiva, prefiere el efecto de las lágrimas al de los golpes. Prefiere el silencio, la apatía, la indiferencia. Coloca la otra mejilla no como buen cristiano sino para demostrarle a su enemigo lo estúpido que es. Conoce el truco de la ironía, del sarcasmo, de la falsa disculpa. Acepta el dolor y lo yergue como si fuera un trofeo. Él, el masoquista, se emociona cuando la gente pierde la compostura, cuando se convierte en el saco de arena que frena la histeria.

Ellos, como cualquier pareja, se preguntan ahora si las patadas de amor, los insultos de cariño y las heridas de pasión son suficientes.

Tras ganar su primer premio en efectivo, cambiarlo por brandy y cerveza y beberlos con sus rivales, descubrió su pasión por las letras y que la sopa en realidad sí es un buen alimento ...

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Lluvia de ideas

Obstáculo

¿Carece todo de sentido? Los árboles pierden hojas. Primer verso. Tacha. “Inconexo” al margen. Mira el charco de flores de jacaranda por la…

El león piensa que todos

Comodidad

Su madre había muerto la noche anterior. Toda su infancia vino con ella a esta pastelería, por eso, Alea había comprado dos galletas…

Mare Frigoris

Shots

No me gustan las galletas de limón. Ni los dulces de menta. Por eso le dije que no. Pero tenía panecito de chocolate…

Volver arriba